
26 noviembre 2008
02 octubre 2008

Un par de entradas atrás me quedé con mal sabor. Entre estertores despertaba en mitad de la noche, sudoroso y apesadumbrado, con la imagen de Harvey Pekar al lado.
-¿Por qué me traes a tus pesadillas?
-No son pesadillas, me acabo de despertar entre estertores –le respondía.
-Sudoroso y apesadumbrado –apuntaba él.
Y allí terminaba todo. Efectivamente, era una de esas pesadillas en la que sueñas que te despiertas, pero en realidad sigues dormido. Aquello, como era de esperar, no gustaba nada a Harvey; primero, porque bastantes preocupaciones tiene él ya, y segundo, porque al ser requerido a mi vera, así, sin ningún permiso, le resultaba -cuando menos-, extraño, y ya es bastante aprensivo…
A lo que iba…, si dejé caer mi ira sobre el cómic de Macedonia, ahora tengo que romper una lanza a favor del artista, que con la edición en castellano de «American Splendor – Otro día más», vuelve a lo que mejor sabe hacer: hablar de sí mismo. Y en el mismo tono de siempre: apesadumbrado –como yo en el sueño-, quejica y molesto.
Si las aventuras americanas de Harvey solo habían visto la luz en nuestro país gracias a la recopilación de obras de Robert Crumb, ahora aparece un nuevo tomo titulado «Otro día más», bajo el que Pekar se reúne junto a algunos de los dibujantes más granados del panorama internacional, desde el maravilloso Glenn Fabry (¿quién se ha llevado su web!), hasta Ty Templeton, pasando por Eddie Campbell, Richard Corben o Dean Haspiel, con el que comparte más páginas, y con quien ya publicó «El derrotista». Cada uno de ellos dota las palabras de Harvey de una lírica personal que, más allá del derrotismo del que tanto alardea el guionista, logra encumbrarle como uno de los más grandes perdedores de todo Cleveland.
De las historias de archivadores de sus antiguas historietas, Pekar pasa a mostrarse como un guionista que tiene que perseguir a sus editores para poder pagar las facturas, que no gusta de pasar más de unas horas fuera de la seguridad del hogar o que teme enfrentarse a la educación de su propia hija, todo ello envuelto de un clima de preocupación constante por absolutamente todo; bueno, hasta que su leal gato (creo que es Phoenix, la otra es una gata y se llama Phoebe) se le tumba en la barriga (lo único, aparte de una buena dosis de pastillas –y ni eso- que parece calmar al gruñón de Harvey). Pero la historia quizá sea lo de menos, porque absolutamente todo apesta a realidad, a costumbrismo. Y tal vez sea eso lo que la hace tan maravillosa, lo que provoca que el lector pueda emocionarse hasta el sollozo frente a una conversación de lo más banal, o durante la epopeya del váter atascado.
Diría que a Harvey Pekar le cuesta una barbaridad enfrentarse a un nuevo día. Y es por eso por lo que da tanta importancia a las cosas pequeñas.
¿Amigos?
14 julio 2008
Hace unos días encontré una nueva librería (nueva para mí, quiero decir), cuando cotilleando en su interior vi el cómic de Macedonia destacado en un atril. "Anda, un cómic del tipo de American Splendor" –me dije. Tenía buena pinta y me lo llevé a casa.
Si uno lee un cómic de Harvey Pekar lo más probable es que se encuentre un montón de historias cotidianas, con mala leche y cierto regusto nostálgico. Es ese costumbrismo en el que podemos vernos reflejados cualquiera de los mortales el que hace sus obras geniales, aunque es ese mismo costumbrismo al que hay que saber dar forma de tal modo que resulte interesante. A nadie le gusta observar por un agujero al vecino para descubrir cómo es su miserable y aburrida vida sin que ocurra lo más mínimo interesante en ella... Vale, a algunas personas no nos gusta, y si cotilleamos dentro de la vida de los demás, de sus propias historias, agradecemos que éstas, al menos, estén contadas con gracia. Pekar no ha perdido la gracia, pero quizá se aleje de aquello que esperas encontrar precisamente en uno de sus cómics. En esta ocasión se mete en la piel de Heather, una estudiante de Ciencias Políticas que decide buscar la razón que lleva a los pueblos a meterse de lleno en una guerra o, por el contrario, evadirse de ella; la cuestión más exacta sería: ¿algún país se ha librado de ella? Y esa pregunta le lleva a viajar hasta Macedonia para elaborar su Tesis Doctoral.
Y aunque es Pekar el que llena los créditos del cómic, Heather es también guionista de la obra (sí, Pekar también aparece retratado en algún momento). Las ilustraciones corren a cargo de Ed Piskor, que si bien en una primera hojeada parecen las típicas ilustraciones de cómic underground americano, no hay más que afinar un poco la vista para toparse con la cruda realidad (lo siento, no puedo con esas desproporciones). Claro que quizá no importe demasiado que un personaje tenga el ojo encima de la boca o que tenga un pie desencajado... En cualquier caso a mí me resulta feo.
La trama es probable que te guste si te interesa conocer la historia de los Balcanes y, sobre todo, lo que ocurrió en la extinta Yugoslavia y, más concretamente, en Macedonia. Con esto no quiero decir que a mí no me interese, pero cuando leo un cómic de Pekar espero otra cosa. Las tremendas parrafadas con las que puede llenar una página me hacen pensar que lo ideal quizá habría sido escribir un libro, uno a la vieja usanza, sin dibujicos de las narices, aunque probablemente así habrían perdido buena parte de ventas. En ocasiones me pregunto cuál es la barrera que hace que un escritor se decida por el guión de un cómic y no de una película, o por qué escribe una novela gráfica y no, sencillamente, una novela; y sé que hay respuestas sencillas y complicadas. Si lo que aparece en el cómic es cierto, esto debió ser así: Harvey está preparando un trabajo sobre Macedonia, conoce a Heather antes de su viaje y le pide a que tome notas para poder usar en su trabajo, Harvey recoge las notas y nos cuenta la historia de Yugoslavia hilando la actual situación de Macedonia y con la estancia de Heather. Total, un rollo.
09 agosto 2006
Cuando acababa el año 2005 me tocó recapacitar sobre mi vida. Le di vueltas a todo lo que me rodeaba y pensé algo que ya escribí por ahí…
“Siempre hay un último beso… SIEMPRE. Para cada uno de nuestros seres queridos y con ellos. Siempre habrá un último beso que demos en una mejilla, en la frente o en los labios. Siempre. Me pregunto cuántas veces hemos entregado un beso sin sospechar que después no habría más. Cuántas veces hemos deseado que ése no fuera el último de todos, pero da igual. Si quieres más, TE JODES… A veces no hay más que hacer.
”Un día, cuando estéis acurrucados entre el pecho de vuestra pareja y ésta deje un pequeño y caluroso beso en vuestra carita, pensad que puede ser el último de todos. Igual que ocurre con los “te quiero”, “hasta luego”, abrazos, sonrisas, miradas, llamadas…
”Tenemos fecha de caducidad y eso me ha puesto jodidamente triste.
”(…) me regodearé en recuerdos, en anillos de compromisos devueltos, en abracitos y caricias, en esos “te quiero” sinceros pero con fecha de caducidad, en todos esos momentos que ya no volverán porque fueron los últimos… Ha sido un año extraño, y quiero hundirme un poquito en la normalidad que nunca he comprendido. Tampoco es verdad pero en fin…"

Hace días volví a pensar en los últimos besos y recordé ese texto… Supongo que hay besos que siempre permanecen, que son eternos, en la memoria, en la carne y en el alma. Y esos son los importantes, tanto o más que aquellos que deseamos pero que nunca llegaron; porque esos besos ansiados también pueden ser eternos, y un día, de ancianitos los recordaremos con un amargo gesto por haberlos dejado pasar de largo, por no haberlos sabido dar en el momento preciso, no haber querido o no haber podido. Es triste dar más importancia al deseo y anhelo que a la realidad vivida, pero ¿de qué nos sirve la fijación en la realidad cuando no hacemos más que evadirnos de ella?
“Aquí estoy. Decides que la eterna adolescencia termina y que es hora de crecer, y crecerás. Entonces todo cambia. Y esta vez cambiará. Tendrás una casa, más grande, con piscina, un garaje para el coche y un jardín muy cuidado. Un porche florido y puertas esmaltadas, un perro al que llamarás Marx y un barco al que llamarás Giulia. Tendrás la salud asegurada, la vida asegurada, una nevera siempre llena para no sentirte pobre. Una alfombra étnica para seguir sintiéndote joven, y ventanas por las que siempre entra el sol. Y entonces tendrás tu familia feliz, unos hijos sanos, y a ella. A ella, que te recordará todas las cosas bonitas que habrás tenido. ¿No es eso lo que siempre has soñado? (…) ¿La felicidad es esto? Yo creo que sí.” *
Afortunadamente, yo creo que no…
* texto de “El Último Beso”.
27 julio 2006
Estoy haciendo el imbécil aquí.
Mañana voy a hablar contigo. ¿De qué voy a hablar? Del paro, voy a hablarte del paro, de que estoy parao, de que estamos todos paraos… Y de que estamos solos y de que…, y de que no sé, yo te puedo llamar a las 4 de la mañana y tú estás, y yo vuelvo y tú estás o no estás, y si no estás… y a veces sí estás, y eso del… del estar…
* "Ópera Prima".

La prima.
19 enero 2006
09 enero 2006
Tengo… tengo que decirte algo y no sé cómo hacerlo…¿Por qué? ¿Es algo desagradable? ¿Has visto en mí algo que no te gusta?
No… Jejeje…
¿Qué?
Jeje…, ¡es que no me llenas! Jajaja…
No le veo la gracia a eso.
No es cuestión de gracia, sino de…
Bueno, dime lo que ocurre porque estoy preocupado, ¿sabes?
Lo sé…
Cuando tu corazón late, late el mío también.
Lo sé, lo sé, lo sé, pero creo que no debemos vernos más.
¿De veras?
Sí.
¿Por qué?
Lo siento.
¿Por qué, qué sucede?
Sé que me falta algo y no sé el qué, lo que es…
¿Qué significa? ¿Que te falta algo de mí?
Sí.
¿Qué quieres decir? ¿Qué es? Dime…
Es, es algo…
¿Puedes decirme lo que te falta de mí?
Creo que si te pararas a pensar un poco, lo averiguarías.
Pero ¿qué te puede faltar de mí? ¿Qué puede ser, qué puede ser?
Hay algo… No sé lo que es.
¿Mi personalidad? ¿Mi aspecto físico?
Pues… no.
Bueno, no soy guapo, tal vez sea eso lo que te… ¿No tiene que ver con mi talla ni nada de eso?
No, tú te refieres.
Quizá sean mis gafas
No, no tiene nada que ver con que seas bajo o poco cultivado.
¿Es por mis gafas quizá?
No, y no me importa que tus dientes estén torcidos, de veras.
Entonces… Entonces qué, ¿qué diantre puede ser? No entiendo. ¿No tiene que ver con mi personalidad?
No.
¿Te diviertes cuando estás conmigo? ¿Te diviertes?
No. Pero no es eso, no es que no me divierta cuando estoy contigo pero…
Nos divertimos cuando reímos, pasamos ratos que..., ya sabes…
Sí.
Y no me digas que no nos hemos reído…, nos hemos reído mucho.
No, no es que hayamos reído, porque en realidad no nos hemos reído.
En realidad yo me he reído mucho pero cuando me daba cuenta de que no te reías…, yo dejaba de reírme en el acto.
Bien, nos hemos reído mucho, pero… Es algo importante, algo que…
¿Qué te falta? ¿No puedes ser más concreta? ¿Es quizá que…?
Nuestras relaciones no conducen a ninguna parte.
¿Adónde quieres que nos conduzcan?, di.
¿Adónde podrían conducirnos?
Bueno, verás…, quiero decir que si yo te quiero pero tú no me quieres, veo muy difícil que podamos los dos intentar al menos…
No, no es que yo no te quiera, es…
Entonces, ¿me quieres?
No, no te quiero.
Luego ésa es la razón…
No, no es ésa la razón, insisto en que me falta algo, necesito un hombre muy fuerte.
Comunicación… ¿Acerté?
Necesito un líder.
Yo soy fuerte, soy un líder, ¡soy perfecto, tengo todas las cualidades para el mando!
No me entiendes, son tantas cosas vitales de política, cosas importantes…
¡Yo también, yo también, igual que tú!
Quiero ir a trabajar con los pigmeos al África…
¡Exacto!
…Y quiero ir a una leprosería a cuidar leprosos.
¡Lo estoy deseando! Lo mismo que tú, ¡lo mismo que tú! Amo la lepra. Si es eso lo que me preguntas, estoy dispuesto, me gusta la lepra, me gusta el cólera, me gustan todas las enfermedades de la piel. Así que no veo yo que…
Eres inmaduro.
¿En qué forma soy inmaduro?
Emocionalmente, sexualmente e intelectualmente.
Sí, pero ¿en qué otras cosas?
Oh…, quizá sea culpa mía. Puede que yo no pueda dar.
¿De manera que no puedes dar? Entonces ¿por qué no recibes y yo te daré?
¡No estoy preparada para recibir!
Bien, entonces tú das y yo recibo.
Yo no puedo recibir.
Verás, yo soy una persona que puede recibir si otro da.
¡Yo no puedo dar, lo siento!
Pero si los dos recibimos, ¿quién da?
Bien, yo… no puedo recibir, mi problema es que estoy recibiendo y recibiendo y no puedo dar ni recibir.
Pero a mí me gustaría dar si tú pudieras recibir.
No puedo recibir, no sé cómo puedo ayudarte, realmente no lo sé.
Mira, si ambos recibimos, entonces ambos…
¡Ya te lo he dicho, no puedo recibir cuando no puedo dar! No, no saldría bien. No tiene objeto. Lo siento… Adiós. Lamento hacerte daño.
… No te preocupes por mí, cariño. Soy como un gato, siempre caigo de pie… Ohhh… Ooohhh… ¡Oooohhhh…!
*Extracto de “Bananas”, de Woody Allen.
**Cualquier parecido con la realidad es puta coincidencia.




