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17 octubre 2008

Música animada

Y con eso no quiero decir «música joven ye-yé», no crean… Me refiero a algunos videoclips realizados con animación. Concretamente, vídeos de Madee y, particularmente, Kid Koala, que con eso de que le da al lápiz cosa fina, le cogió el gusto a darle formato visual a sus temas, para lo que no solo se ha servido de la animación; en el año 2003 publicó el libro
«Nufonia Must Fall», para el que grabó una banda sonora muy particular en la que dividía los temas para hacerlos coincidir con cada página. Tanto los catalanes como el DJ canadiense nos visitan estos días.












22 febrero 2008

Ciudades

Leía en un artículo de opinión que es necesario cambiar el coche por la bici si queremos que la ciudad sea de los ciudadanos y no de los automóviles.

Hace ya algún tiempo que la conciencia colectiva parece que golpea con fuerza en diferentes ciudades de la geografía española, como Barcelona o Sevilla, dando cierto peso a la bici, un peso que -podemos aventurar sin temor a equivocarnos- no será mayor que el del coche. Aún falta mucho para acostumbrarse a las líneas del suelo urbano que, en ocasiones, compartimos los viandantes con las bicis, estar atento, no invadir su espacio… En Madrid esa distancia se hace mayor, nuestra tradición ciclista se queda aparcada en casa para disfrutar de la siesta veraniega mientras con un ojo abierto se ve sudar a los pros en la tele. Nuestra ciudad no lo pone fácil, las cuestas, los coches… Y si de lo que hablamos es de reducir el tráfico, las medidas restrictivas, como la de obligar a pagar por aparcar un coche, no hacen sino afianzar las diferencias económicas de unos y otros, decidiendo de antemano que los pudientes tendrán más posibilidades de sacar el coche que los que no tienen un duro. En cuanto a aquellas medidas de vaciar los domingos el centro de la ciudad de automóviles… ¿alguien se acuerda? Parece que ya solo queda tomar las calles.


Sin embargo, creo que pedir la humanización de nuestro espacio vital a estas alturas es una batalla perdida. Los hombres, es nuestra inmensa sabiduría nos hemos encerrado a propósito en una jaula gigantesca. Para comprender un poco más esta visión un tanto catastrofista –aunque no por ello menos realista- de la sociedad actual, solo debemos retroceder en el tiempo a nuestro pasado no tan lejano, cuando las civilizaciones aún andaban en pañales y los hombres se dedicaban a moverse a través del mundo buscando, inspeccionando, preguntando… viviendo, al fin y al cabo. Con la llegada de las ciudades, de los grandes bloques de hormigón, las calles estrechas, las vallas… el hombre se ha encerrado a sí mismo en un auténtico zoológico. Desmond Morris ya avisaba de la gravedad del asunto: la evolución nos ha llevado hasta el masivo encierro en que nos encontramos en la actualidad; en El Zoo Humano se atreve a explicar los males y extrañezas que provoca ese encierro y hacinamiento de los animales humanos y no humanos. Da que pensar, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro encierro es voluntario.

Un botón:

“La alternativa que se les ofrece a los buscadores urbanos de espacio es efectuar breves salidas al campo, y lo hacen con gran energía. En hilera interminable, tocándose unos a otros, los coches emprenden la marcha cada fin de semana, y tocándose unos a otros, en hilera interminable, regresan. Pero no importa, se han alejado, han recorrido una extensión más amplia, y, al hacerlo, han continuado la lucha contra la antinatural angostura espacial de la ciudad. Aunque las abarrotadas carreteras de la moderna supertribu hayan convertido esto en algo semejante a un ritual, todavía es preferible eso que renunciar. La situación es peor aún para los habitantes del zoo animal. Su versión del recorrido de coches en caravana, es el aún más estúpido pasear de un lado a otro del suelo de su jaula. Pero tampoco renuncian. Deberíamos sentirnos agradecidos por poder hacer algo más que pasear de un lado a otro de nuestras habitaciones.”

(extraído de “El Zoo Humano”, de Desmond Morris)

06 febrero 2008

Terminar así

Aguantar estoicamente, acercarse el final y de repente: esta canción. Eso es querer morirse. Morirse.



Come with me
My love
To the sea
The sea of love
I wanna tell you
How much
I love you
Do you remember
When we met
Thats the day
I knew you were mine
I wanna tell you
How much
I love you
Come with me
My love
To the sea
The sea of love

I wanna tell you
How much
I love you...

03 febrero 2008

sin nombre

Cuando se editó "( )" en el año 2002, las canciones nacieron sin nombre. Nadie necesitaba ponerle título a la música. Así se editaron las 8 canciones, solo numeradas.

Después, pudo echarse un vistazo a la web oficial, donde la banda explicaba los títulos "no oficiales" para cada tema; al fin y al cabo, ellos tenían que llamarlos de alguna forma al apuntarlos en el setlist.

Un año más tarde se editaba un single con nombre, donde la maravilla número 1, aquella que abriera el último disco, era bautizada como Vaka. Igual que la hija de Orri, su batería. Este es el vídeo.

Debajo, otra maravilla. Y otra más. Las tres completan el DVD-Sgl.


untitled #1 (a.k.a. vaka)


svefn-g-englar


viðrar vel til loftárása

29 octubre 2007

El arte mata

A día de hoy, ya son más de 150.000 firmantes (y el número sigue aumentando por minutos) los que piden el boicot a la presencia de Guillermo "Habauc" Vargas en la Bienal Centroamericana Honduras 2008.

¿Por qué?

Habacuc es uno de tantos que ha decidido llamar la atención de medios atentando contra la vida un animal en una de sus obras. En esta ocasión, el turno es de un perro, al que Guillermo mantuvo atado en la galería nicaragüense Códice, durante la Exposición Nº1 Un perro enfermo, callejero/ ”Eres lo que lees” (agosto 2007). El perro, que vivía en la calle, estaba enfermo, extremadamente delgado y muy débil. Fue cazado expresamente para la obra, donde permaneció atacado durante horas, sin comida ni bebida. Según explicó Marta Leonor González, editora del suplemento cultural de La Prensa en Nicaragua, a La Nación, ese mismo día el perro murió; este dato es algo en lo que no se pone de acuerdo la sala, algunos críticos o el mismo artista, que demuestra que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal, ya que no se molesta en desmentir la acusación, reafirmándose, cuando dice que no se arrepiente en modo alguno de lo que ha hecho…

Eso es lo que, a grandes rasgos, ocurrió con Natividad, nombre que se le dio al perro en homenaje al nicaragüense Natividad Canda (24 años), quien murió devorado por dos perros Rottweiler. Sin embargo, ¿qué tiene que ver el caso de Canda con el de Natividad (el perro)? Según palabras de Habacuc: “Me reservo decir si es cierto o no que el perro murió. Lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda, la gente se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros. (…) Nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada.”

Si, como dice Habacuc, nadie hizo nada, la obra fracasó en su cometido, ya que la gente se comportó de la misma manera que en la calle; pero da la causalidad de que según diversas fuentes, no fue así como se sucedió la velada. Del mismo modo, se contradice la sala en su comunicado, donde afirman que Códice “(…) jamás ha pretendido ejercer ningún tipo de censura, siempre y cuando no atenten contra los principios elementales de la ética y mucho menos que impliquen la vida de un ser viviente, sea humano o animal.” Me pregunto qué considera esta gente “atentar contra los principios elementales de la ética y toda esa retahíla que mencionan... Me pregunto qué habría pasado si en lugar de un perro, allí se hubiera encadenado a un niño… Un niño pobre y hambriento que tarde o temprano también iba a morir.

Como en otras ocasiones, la polémica está servida. El año pasado hacía mención aquí mismo a la obra de Rodrigo García, que mataba a un animal durante una de sus “performances”. Curiosamente, García y Habacuc se ponen de acuerdo en intentar justificar sus actos, buscando desenmascarar la hipocresía de la sociedad o intentando hacerla despertar; es decir, los dos artistas se endiosan a sí mismos hasta el límite de saberse por encima de éticas y moralinas que nada tienen que ver con el arte, según ha declarado el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) de Costa Rica.

Curioso. El comunicado del MADC termina apuntando: “Por lo tanto, que la solicitud de derogación de la participación de Guillermo Vargas (Habacuc) de la Bienal Centroamericana de Honduras 2008, consideramos es legalmente improcedente y sin fundamento, no solo porque las obras con las que el artista fue seleccionado a la Bienarte 2007 son distintas a la obra cuestionada, sino porque la censura de un artista por hacer una obra muy polémica -aunque esté sujeta a discusión dentro de los ámbitos de la estética y la ética- no debe ser de ningún modo la base de legitimación de la censura.”

Así pues, intentan vender la moto de que “ética” no va unida a censura… Habría que recordar a estos señores que no solo de leyes vive el hombre, pero ya que lo que quieren es jugar con las leyes en la mano, si repasamos el Código Penal de Costa Rica verificaremos que la crueldad animal, en cualquiera de sus formas e independientemente del fin último de la misma, es en sí un hecho repudiable y sancionado. Bien, desde un punto de vista meramente legal, es cierto que solo los jueces pueden censurar la obra de un artista, pero escurrir el bulto de manera tan zafia, clama al cielo. Ya lo apuntaba Rosa Montero, cuando se trata de “libertad creativa” está claro que todo vale para los artistas, críticos, museos o salas de exposición.

Si bien es cierto que la medida de esta petición de firmas no tiene como fin salvar la vida de un animal (que ya está muerto), sí pretende “castigar” al artista boicoteando su obra.

Es una lástima que en Marca Acme "curiosamente” pidan una contraseña para acceder a un más que interesante artículo llamado “5 piezas de Habacuc” donde se podía seguir en detalle, con fotografías y textos, cómo transcurría la polémica exposición y, donde, en contraposición a las declaraciones de Habacuc, se afirma que algunos de los asistentes protestaron y pidieron la liberación del animal, ante el caso omiso de la sala o el artista. Durante la obra, además, se colocaron textos en la pareces con comida para perros, así como agua a una distancia considerable de Natividad, para que nunca llegara hasta ella; también se pudo escuchar el himno sandinista al revés y en un incensario se quemaron 175 piedras de crack y una onza de marihuana.

En este montaje se pueden ver algunos momentos de la obra, aunque hay que recordar que el apunte que se hace al inicio no es cierto, ya que no se pretende que esta obra no sea expuesta en la Bienal (Habacuc presenta allí dos obras diferentes).

Desde el Blog de Jaime Sancho “Eres lo que Haces” podéis seguir en detalle noticias, opiniones, declaraciones y diversos menesteres de una historia triste a la que han llamado arte.

13 octubre 2007

Menudo Circo

“El circo tiene algo de romántico pero también algo de triste”, opinaba un amigo hace bastantes años. Supongo que es cierto.

Personalmente nunca me gustó el mundo entre rejas donde sobreviven los animales, ni mucho menos el entrenamiento al que son sometidos para realizar todo tipo de trucos que nunca me parecieron divertidos (y no quiero ni imaginar a ellos); los payasos me parecen aterradores; los trapecistas me aburren muchísimo… En realidad, aunque de pequeño acudía religiosamente todas las Navidades al circo instalado en la Plaza de Toros de las Ventas, no recuerdo que aquello me gustase. Incluso me acuerdo de cómo un grupo musical infantil (en mi mente eran Parchís, pero con los años he acabado creyendo que debían ser otros) sacaba a todos los niños para bailar y cantar con ellos; por alguna extraña razón, acabé en la pista haciendo como que disfrutaba de aquel espectáculo… A lo mejor los demás niños de veras lo pasaban en grande, en mi mente todos gritaban como locos y eso me recuerda al mundo donde acaba Pinocho (ya sabéis, aquellos niños fumadores, esclavistas…). Algo después, quizá la última vez que pisé uno de los circos de Las Ventas, vi a “El Equipo A”; se presentaban tal cual, pero su canción era la sintonía de la serie con letra en español; decía: “Equipo A, Equipo A, los héroes mercenarios entran en acción”... Durante la función también actuaba “El Gran Héroe Americano”, que en su primer vuelo, salió despedido contra una de las gradas, ante el grito de emergencia de sus compañeros, que buscaban un médico en la carpa (no era una broma, el tipo se ostió pero bien). Mi madre tenía una amiga que trabajaba en espectáculos circenses, disparaba en plan vaquera y, supongo, lanzaba cuchillos y esas cosas tan divertidas; me parece que una vez me llevó a verla al Parque de Atracciones de Madrid. Guardo un leve recuerdo sexual de aquella chica… Ya sabéis, ese morbo que los niños sentimos por las amigas de nuestra mamá, y aquella mujer llevaba pantalones ajustados, manejaba el látigo y agarraba la pistola como ninguna.

Por supuesto, el circo resultaría un arte de lo más respetable (más allá de los gustos de cada cual) de no ser por el trato y explotación animal e infantil. Es curioso cómo a día de hoy, aún hay gente que sonríe o suelta una sonora carcajada, tomándose a pitorreo que en los circos los animales sean maltratados. Desde mi punto de vista, el mero hecho de utilizar esos animales para provecho humano, ya me parece sobradamente reprochable, pero más allá de eso, en los circos se somete a verdaderas torturas a esas criaturas. Cualquier persona familiarizada con los animales, sabe lo mucho que cuesta “domar” a algunos de ellos, inculcar comportamientos propios de marionetas de feria o enseñar a hacer trucos excéntricos. Los animales, lejos de sentirse en su medio natural, son recluidos durante casi todo el día, encadenados y encerrados, para salir de sus cubículos, únicamente, para ser amaestrados a fuerza fruta, o para hacer una demostración de los trucos aprendidos. Imaginad por un momento el tratamiento al que debe ser sometido un enorme felino, que en realidad tiene un miedo natural atroz al fuego, para entrar por el aro ardiendo (de ahí la expresión “pasar por el aro”, por cierto). Para muestra, un botón:

Hace unos días, en el programa de Telemadrid “Madrid Opina”, el público -ese rebaño descerebrado programado para aplaudir cada vez que un contertuliano se agita en su asiento soltando alguna barbaridad (a más gorda, mayores aplausos)- abucheaba a algunos de los invitados que se atrevieron a mencionar los miles de muertos anónimos que permanecen enterrados en antiguas fosas comunes a lo largo y ancho de las tierras de España desde la Guerra Civil. Es interesante el comportamiento de ese público que, supongo, se comporta así más por ignorancia que por malicia o convencimiento. De igual modo, decía, mucha gente sigue viendo solo la cara amable del circo…

Los circos, con los años, han ido tomando conciencia de lo triste que generalmente resulta su espectáculo; más allá de aquel romanticismo de los viajes en carromato, la hambruna y diferentes leyendas negras han dinamitado la historia de circos populares en el mundo entero, o de artistas que en su día fueron grandes nombres de la carpa. Ahí tenemos la vida y milagros de Ángel Cristo, Fofito y su rencilla con los Aragón, La Ciudad de los Muchachos... Para lavar su cara, algunos atrevidos artistas, han decidido innovar creando espectáculos diferentes, mezclando cabaret, teatro, prescindiendo de los animales… El ejemplo más popular, aunque no el único, lo encontramos en el canadiense Circo del Sol.

Esta noche acudí nuevamente al circo. Y me sentí terriblemente culpable. Culpable, primero, por no molestarme debidamente en informarme de lo que iba a ver, y segundo, por haber asistido a un espectáculo donde se utilizaban animales. El Circo de los Horrores está dirigido por Suso Silva, más conocido como Suso Clown. Bajo la máscara de espectáculo diferente, y sustituyendo la carpa de un circo por las paredes de un teatro, el Circo Price acoge estos días en Madrid un espectáculo que de diferente tiene poco. Si bien es cierto que el montaje, maquillaje y puesta en escena en general pueden pasar por ser distintos a los de los circos convencionales, detrás encontramos más de lo mismo; pero lo verdaderamente grave es encontrar que mientras se muestran al público como algo innovador, utilizan animales en varios de los números: concretamente, una serpiente, que únicamente aparece enroscada en el cuerpo de uno de los artistas, y un caballo, que tristemente es montado por La Muerte; sería fácil hacer un símil.

María, que me acompañaba esa noche, y es gran conocedora del mundo ecuestre, me narraba al oído cómo el jinete realizaba cada uno de los trucos, cómo utilizaba elementos que realmente debían herir al animal y cómo se cebaba con él, mientras los aplausos, bastante más apagados que en los demás números, se sumaban a los bailes y trotes, meneos y saltos… Vergonzoso. Precisamente, de no ser por estar acompañado, me hubiera levantado en medio de su actuación y me habría largado de allí. Pero el clímax llegó con la participación de una pequeña niña.

Recuerdo que hasta que entré al circo esta noche, el trabajo infantil estaba prohibido en España; bueno es saber, precisamente hoy, día del orgullo patrio, que las cosas no han cambiado tanto. Y bueno es saber que un circo siempre será un circo, porque esos mismos niños, también cubren espectáculos de El Circo del Sol, por ejemplo. Pero del trabajo infantil no se libra ni el circo, ni el teatro, ni el cine… Que trabajen y les llenen las arcas a los padres, claro que sí…

Si bien es cierto que en la actuación de Suso Clown se adivinaba el saber estar en escena, me ha picado la curiosidad y he cotilleado un poco para saber más de este personaje.

De los Silva del Circo de los Muchachos, sobrino del jesuita Padre Silva, su fundador, Suso es un mundialmente reconocido mimo y clown que ha pasado de vivir en los carromatos ajenos, a montar sus propios espectáculos. El Circo de los Muchachos (Benposta, Orense), se fundó con una de esas utópicas ideas donde los niños son los que mandan (eligiendo incluso su propio ayuntamiento), en el año 56, donde se fundó la segunda escuela de circo del mundo, con la idea de que se juntara allí una comunidad de niños desfavorecidos bajo el amparo del catolicismo. Sin embargo, esta ciudad fue construida no solo para los niños, sino también por ellos. Con los años, igual que ha ocurrido en lugares parecidos, ha empezado a surgir la mierda… Tanto es así, que las denuncias al centro se empezaron a sumar, incluyendo las de abusos sexuales; lo que un día nació como sueño utópico ha terminado siendo tachado de secta destructiva por buena parte de los niños que han pasado por allí. El Padre Silva decidió que su permanencia se hacía insostenible y se marchó llevando con él a quince menores, cuyos familiares (muchos de ellos también de El Circo de los Muchachos) denunciaron su desaparición; cuando el Padre Silva reapareció, acusó a aquellos que se habían levantado contra él de haber dado un golpe de estado en su comunidad.

El mundo es un circo.

07 febrero 2007

Danny B. Goode

Tengo mucha mierda dentro, pero para volver al blog, prefería hacerlo con una de las secuencias más memorables de mi cabezota, puede que no estéis preparados para ello pero a vuestros hijos les encantará...


03 octubre 2006

Enamorarse de una cantante
(por lo menos tres veces en la vida)

Esta tarde me sobrecogió una extraña y entrañable sensación de tristeza. Escuchaba Françoiz Breut…

Héctor se enamoró de ella cuando la vio en el escenario hace unos años; la recuerdo francesita y menuda.

- No tienes nada que hacer, es la chica de Dominique A. Parece un tipo importante y grande - le desanimé yo.

Años más tarde, mi amigo aún la recordaba sentada en un portal de la calle. Los dos la miramos y yo tiré de la camisa de Héctor dando un paso hacia ella; él giró la mirada raudo, disimulando y acelerando su paso sigilosamente, como para no ser visto.

Alguien (llamémosla X) hablaba sobre lo mucho que sumaba a un tipo estar sobre un escenario, y más con un instrumento encima… Lejos de pensar que siempre lo llevan puesto, me aventuré a preguntar a qué instrumento se refería. Parece ser que X manejaba una compleja y extraña teoría alrededor de cada instrumentista e incluso sobre su posición en el escenario: estaba el ligón, el perdedor, el segundón…, pero siempre había uno con más encanto. No comulgo con dicha teoría, pero claro, no he vivido rodeado de grupos musicales de féminas que apoyen o desmitifiquen tan curiosos argumentos.

Hace algunos años también, me fui solo a ver un concierto de Múm. La vocecita de Kristín me llegó al alma y aunque entre instrumentos de juguete y compañeros, aquello se suponía una banda, a mí me parecía una solista pequeña y vergonzosa.

No es nada original lo que voy a decir, pero es algo así como meterse en la famosa novela de Nick Hornby y escuchar una canción que nunca te ha gustado, saliendo de ese ser del que te acabas de enamorar, pero mucho mejor, porque a mí sí me gustaba su música. Supongo que la mayoría de vosotros no creéis en ese amor, pero me importa un bledo… Como decía, estás metido en la novela de Hornby (o mejor, en la peli, porque si todas las tías –por alguna extraña razón que no acabo de comprender- se identifican con el coñazo de Bridget Jones, todos los tíos tenemos derecho a identificarnos con Alta Fidelidad –al menos los que creemos que la música vale la pena de verdad) y un amigo te suelta al oído “Quiero salir con una músico.”

- Yo quiero vivir con una músico –responde otro-. Compondría conmigo, le daría consejos y a lo mejor incluiría nuestras bromitas íntimas en la contraportada.

- O una foto mía en el interior -se supone que ha de contraatacar el primero.

- Aunque sea en segundo plano… -se conforma un tercero.

En realidad yo podría ser cualquiera de los tres babosos… Pero como eso sólo pasa en los libros y en las pelis, yo estaba allí solo y no me apetecía charlar con cualquier desconocido. Casi mejor, soy demasiado vergonzoso para mostrarme sin máscara todo el rato mientras me chorrea la emoción.

Cuando acabó el concierto, me acerqué al escenario, olía a Lou Lou y tabaco, así que mi olfato se centró en el dichoso perfume que me sabía de memoria y miré a mi alrededor buscando la procedencia. Me encontré con que los gorilas de la puerta estaban invitando a la gente a despejar la sala. Sobre uno de los altavoces del escenario reposaba una hoja que Kristín sostuvo durante gran parte del concierto. Un tipo larguirucho que se parecía sospechosamente a Shaggy echó la zarpa (aquellos no eran brazos, de veras que no) a la velocidad estúpida sobre la hoja y levantándola en el aire, victorioso, se giró hacia su grupito de amigas, gritando histérico, mientras mostraba su trofeo. Al volver la mirada al escenario, me topé con un par de pequeños pies, levanté la vista y di con un cuerpo que se agachaba palpando el suelo con las yemas de los dedos. Shaggy se volvió hacia ella y soltó algo ininteligible mientras dejaba la hoja en su sitio, y no se habría sentido más orgulloso llevándose la hoja de allí en lugar de “intercambiando” un objeto con ella. Si entonces se hubiera estilado llevar la cámara digital a todas partes, seguro que no se habría librado de los dichosos flashazos.

Una gran mano agarró mi hombro. Me sobresalté. Era un gorila que me pedía, un poco menos educadamente que antes, que saliera de la sala. De hecho fue entonces cuando reparé en que el recinto ya estaba casi vacío. Perezosamente iba a dirigir una última mirada a Kristín, cuando me percaté de que ya se había molestado en observarnos.

- It’s OK.

Y con una sonrisa, terminó por recoger su hoja, girar sobre sí y caminar dando saltitos hacia el backstage. Ya en la sombra de los camerinos volvió a girarse hacia mí y como si se llenara de vergüenza al descubrirme aún en el mismo sitio clavando la mirada sobre su retina, volvió a sonreír y tapó su cara. La mano del gorila, esta vez en forma de duodécima campanada, llamó mi atención mientras mi oído escuchó cómo me llamaba. ¡Escuché su voz! Pero cuando volví a mirar la puerta del camerino, ya no estaba. Tan despacito como me dejaron caminé hacia la salida, girándome cada dos pasos…

Normalmente, por las noches me gusta pasear por la ciudad, pero en aquel momento, no recuerdo exactamente por qué, me quería alejar de allí lo más rápidamente posible; supongo que era como si me hubieran arrebatado un sueño y quisiera olvidarlo lo antes posible. Subí a un taxi y solo unos metros más adelante se detuvo en el semáforo. A nuestro lado había un gran autobús negro, miré hacia arriba con la curiosidad de un gato y la vi en la ventana. Dibujaba un corazón con el vaho en el cristal. En el centro, su sonrisa. El taxi arrancó y me giré en el asiento, sintiéndome niño. Puse una mano en el cristal y quise pedir al taxista que parara… pero no lo hice.

Llegué a casa y escuché “Green Grass of Tunnel”. Cerré los ojos y me di cuenta de que estaba escrita para mí y cuando la retengo en la memoria auditiva suena casi tan bonita como en directo, pero aquello solo lo recuerdo yo. Quién sabe si ella también…

27 septiembre 2006

That's entertainment

Liars
27_La Coruña_Playa Club
28_Madrid_Moby Dick
29_Zaragoza_Casa de Loco
30_Santa Pola_Camelot



Aggrolites
30_Bilbao_Santana 27
01_Madrid_Gruta 77
02_Valencia_El Loco
03_Barcelona_Apolo 2



DJ Qbert
05_Madrid_Balcón de Rosales
06_Granada_Industrial Copera
07_Bilbao_Pza. de toros (BUM Festival)
08_Barcelona_Apolo

25 septiembre 2006

22 septiembre 2006

Mondo lirondo
(y otras mierdas contemporáneas)

Hace poco he vuelto a leer, escuchar y saber acerca de la utilización de animales (ya sean vivos o muertos) en espectáculos en directo. La subversión, el escándalo, el nihilismo… Tocar la fibra del espectador, en caso de que lo hubiere. Muchas son las excusas dadas por los artistas y muy pocas las puertas con las que se encuentran a nivel legal, ya sea por desconocimiento del espectador que puede denunciar la obra, ya sea porque las leyes que imperan en determinadas regiones no son suficientemente explícitas respecto al tema, o simplemente, pecan de ambiguas.

Hace unos meses escribí sobre Rodrigo García y La Carnicería Teatro. Ejemplo perfecto de artista que quiere pecar de inconformista, sin darse cuenta de hasta qué punto llega a pecar de lo contrario.

Recientemente, fue entrevistado en televisión acerca de “Accidens – Matar Para comer”. Denominada “performance culinaria”, en “Accidens” se cuelga un animal vivo para seguir con detenimiento su reacción y comportamiento, escuchando los latidos de su corazón, observándolo…, mientras es despedazado a machetazos y preparado para su cocción.

“¿Y todo para qué?” Así terminaba la entrevista. Rodrigo García ofrecía una mirada perdida e infantil como toda respuesta a la “insolente” pregunta del entrevistador.

Tras un accidente, este iluminado de la crueldad escénica creyó necesario despertar el interés de los humanos frente a la naturaleza; cree que nos estamos deshumanizando poco a poco, porque para comer ya sólo necesitamos ir al supermercado y comprar una lata, sin necesidad de salir al campo para cazar la presa. ÉL es EL elegido para despertar nuestra conciencia salvaje dormida durante años de acoplamiento en el sillón, frente a la tele. ÉL es EL elegido para traer de vuelta el espíritu de supervivencia al género humano.

Estos son sus argumentos.

Sin embargo, mientras en España la obra se ha representado sin mayores problemas, en Italia, la Liga Antivivisección llevó a los tribunales la denuncia (concretamente contra Juan Loriente) de un espectador particular que observó la matanza el día del estreno en el Festival Conteporanea.

Los ejemplos de muertes en directo se multiplican durante la historia de la humanidad, y aunque en nombre del arte -como excusa perfecta- aunque no abunda tanto, también tienen su aceptación (como tienen su desaprobación). Sin embargo, esta desaprobación -que normalmente se lanza a gritos- de personas escandalizadas, sugiere diferentes apuntes filosóficos, culturales y éticos.

La muerte del animal para uso y disfrute humano parece justificada por gran parte de la sociedad moderna: el animal en el plato es válido; si embargo, el animal colgado en un escenario, rajado y cocido aún vivo, no; como tampoco es válido el maltrato al toro en una plaza; como tampoco vale apalear hasta la muerte un perro (aunque este caso concreto, tan de moda últimamente por el caso del maltrato en Galicia, merece atención especial, curiosamente, el acusado –grabado y denunciado-, defiende su honor ante un público encolerizado que no para de lanzar improperios contra el veterinario que grabó y denunció el caso)…

Que hoy por hoy en España se aplaudan casos tan explícitamente brutales como el acaecido en Galicia en el año 2004 quizá no sea habitual, pero seguimos comprobando que existe una doble moral que traza la línea entre lo válido y lo inapropiado a su libre albedrío, de manera que cada cuál se pone una venda frente al plato que come, o se lo piensa mejor antes de llevarse el tenedor a la boca…

Cuando Rodrigo García preparó la obra, quizá no pensó que su mensaje tenía doble filo. Si bien su forma y mensaje son abiertamente especistas, la reflexión que deja sobre la mesa acerca de lo que en realidad comemos tiene un interés bastante singular. Pero la historia del maltrato animal y La Carnicería no es nueva; hace cinco años llevó a los escenarios un espectáculo en el que los catalanes Standstill aterrorizaban a un burro amarrado que pretendía soltarse a toda costa durante la interpretación.

Las muertes de animales, los ensañamientos y torturas… están a la orden del día. Cuando este tipo de comportamientos son grabados para fines lucrativos (e incluso, en ocasiones, “artísticos”), los vídeos son denominados “mondo”; estas películas seudo documentales (que muchas veces mezclan ficción con imagen real), originalmente pretendían ser una puerta abierta al mundo “salvaje” desde un punto de vista puramente occidental, mostrando crudas imágenes de accidentes, matanzas, sacrificios, muertes…, principalmente del mundo que habitualmente se conoce com salvaje (ya sea por su menor contacto con la cultura occidental o por su estado plenamente salvaje -léase la naturaleza). Durante los 60 y 70 este género se explota de tal manera que el escándalo no tarda en llegar. Sin embargo, películas como “Hombres salvajes, bestias salvajes” (donde, entre otras lindezas, se muestra el saqueo de un poblado indígena y el asesinato y castración de sus habitantes) son tachadas de fraude, ya que muchas de las situaciones mostradas son ficticias. Digamos que el “mondo” es el equivalente “cultural” al mítico cine “snuff”, en el que teóricamente se elige una víctima real para ser torturada o asesinada. Hay mucha leyenda en torno al cine “snuff” e incluso a si realmente existen estas películas; creo que pecamos de ingenuos negando una evidencia que está a la orden del día. La gente graba situaciones que les resultan excitantes; en ocasiones el asesino disfruta matando… Negar que existan grabaciones de asesinatos llevados a cabo con el único fin de ser inmortalizados, me parece irrisorio. Sin embargo, diferentes expertos en cine oscuro y underground siguen negando públicamente la existencia de dichas películas. El mercado alternativo dedicado a su comercio, o una cerrada red de visionado de películas “snuff” sugieren una idea excelente para explotar dentro del género ficticio (recordemos el caso de “Tesis”), aunque sigue quedándose en “tablas” la lucha entre realidad y ficción.

Recuerdo haber dado hace muchos años con excepcionales y raros catálogos de vídeo donde se ofrecía la venta de alguna película “snuff”; por supuesto, una película real no se ofrecería en un catálogo de venta por correo… O quizá sí, no hay mejor manera de maquillar la realidad que mostrándola tal como es (no hubiera sido la única película prohibida de todo el catálogo, recuerdo bastantes títulos de la aventajada Traci Lords). El precio excedía con creces el de las demás películas del catálogo… En cualquier caso, el escándalo está servido.

Desde mi postura personal, entiendo que haya gente que se alimente de carne y, sin embargo, se escandalice frente a la tortura de un toro, o frente a “Accidens” (por poner dos ejemplos), sin embargo, no comparto esa doble moral. Normalmente ellos ven un referente puramente lucrativo y lúdico en el espectáculo, mientras que no prestan la misma atención al pedazo de animal con el que se alimentan. A la gente no le gusta que le recuerden lo que come, normalmente se sienten heridos en su orgullo, atacados personalmente o, simplemente, avergonzados, reconociendo no querer reflexionar sobre el tema. Si bien entiendo que exista una doble moral, no entiendo preferir vivir con una venda en los ojos.

Por lo visto, hay quien para sentirse vivo, necesita ser partícipe de la muerte… En ocasiones escuché aquello de “la vida es así”. ¡Cuán equivocado concepto!
LA
MUERTE

es así.


08 septiembre 2006

La tristeza es contagiosa


Desde pequeños nos han enseñado a creer erróneamente que sentimos con el corazón, un órgano vital que se asocia a los más profundos e intensos sentimientos. Por supuesto, necesitamos el corazón, pero no para sentir, eso es sólo una metáfora…

Cuando sentimos una emoción, ésta viene dada directamente por una orden que lanza nuestro cerebro, muchas veces inconscientemente; es lo que se conoce como pensamiento automático, todo aquello que nos decimos interiormente y en lo que, en la gran mayoría de las ocasiones –desgraciadamente- ni nos fijamos.

Muchos pensaréis que eso no es más que una tontería, que los hechos tristes o alegres, lo son porque sí y, obviamente, nos sentimos así porque es lo que toca en cada momento. Bien, las situaciones, efectivamente, desatan un pensamiento, pero es el pensamiento el que nos hace sentir de una manera y no de otra. Por esa razón, unas personas reaccionan de una manera ante un hecho, y otras de una forma totalmente distinta, cuando en realidad están viviendo la misma situación; ¿por qué?, porque no la encajan de la misma manera.

Esta teoría sería suficiente para desbaratar el título que le he dado a este texto, porque en realidad, la tristeza, como la alegría, no se contagian, pero es que los seres humanos, aun suponiendo que nos movemos por una lógica teóricamente aplastante de nuestra especie, en realidad nos movemos por emociones. Muchas veces, estas emociones de las que somos testigos, se nos pegan al “corazón” como si fueran víricas y, a veces, como si no pudiéramos evitar sentirnos más que como nos sentimos convirtiéndose casi en un imposible tan siquiera plantearse sentirse de otro modo.

En ocasiones basta una palabra de un amigo, la mirada de un ser querido, una sonrisa, un sonido o un olor… Algo que nos comunique algo que quizá buscamos desde lo más profundo de nuestro ser, para desatar un contagio emocional. Y entonces, nuestra irracional manera de ser deslumbra por la ignorancia de la que hace alarde, porque nos muestra vulnerables… ¡Pero también terriblemente humanos!

Entonces, en la máxima vulnerabilidad de nuestras emociones, corremos el riesgo de sentirnos profundamente hundidos o, por el contrario, felizmente dichosos… Es entonces cuando nos dejamos llevar por la negrura del momento y nos encerramos en casa con música especialmente elegida para la ocasión y nos atormentamos en una esquina arropados de lágrimas; da igual saber lo mucho que vamos a sufrir, no hay ningún plan mejor. Conclusión: somos terriblemente masoquistas, pero sobre todo masoquistas emocionales, y el dolor del corazón es –o puede ser- mucho más profundo e intenso que el dolor físico. Por el contrario, quizá hayamos elegido dejarnos contagiar por la felicidad y salir a tomar el aire sonriendo como estúpidos, sin saber por qué, da igual, porque lo importante es sentirse embriagado por el momento…

Aunque en ocasiones incubamos lentamente esas sensaciones dentro de nosotros, estando bajo aviso de lo que se nos viene encima (generalmente cuando lo que se nos viene encima es un sentimiento de tristeza), también es cierto que otro tipo de personas más extremas, cambian de estado de humor de manera radical, casi sin previo aviso; puede ser una tendencia que radique en una mera depresión, bipolaridad, nerviosismo… Cuando esto ocurre, parece que el contagio emocional está a la orden del día, y que no sólo te irrita o te satisface todo de repente, sino que te dejas llevar por ese sentimiento que otro ha empezado a experimentar antes que tú… ¡Celos emocionales! (más o menos).

Sin duda, saber que en nuestra mano (o mejor dicho, en nuestra cabeza) está la llave de nuestra felicidad, debería hacernos el camino hacia ésta más llevadero, pero a veces se diría que le han cambiado la cerradura a la dichosa puerta. Yo me sigo embriagando de la tristeza ajena, y da igual lo ilógico que sea, me dejo llevar y me hundo hasta que el desencantamiento o la apatía vencen el estúpido estado en el que me sumo. Pero ¿por qué casi siempre es la tristeza la que se contagia? Estornuden más sonrisas, por favor…









03 septiembre 2006

Madonna Chanante

Creo que no exajero si digo que esta es la pieza más elaborada que se ha grabado nunca en La Hora Chanante (lo cual es como no decir nada, porque yo no he visto todos sus programas...). Podría explicar por qué, pero no me apetece. Tan sólo contaré que el jersey de rejilla que lleva Carlös en el papel de "Madonna en la tierra", es mío. Toma ya.

¿Madonna?



No gracias... Durante los 80 hubo muchas otras, con más gracia, carisma y originalidad. Madonna no dio con ninguna clave no inventada, sin embargo fue ella la que se llevó la fama (y se quedó con ella); otra prueba de que el talento no lo es todo para llegar a lo más alto.

Este fue el único hit de 'Til Tuesday. Es verdad, como dice Peter, Aimee Mann se parece a Eva...



"She's so unusual", el debut de Cyndi Lauper, se comió con patatas al de Madonna; por contra, le tocó permanecer siempre a su sombra... Bien por Cyndi, que es una Goonie y grabó este delicioso vídeo, que me pone de buen humor y me hace imaginarme como una chica pasándolo en grande, bailando, vestida con gasas, guantes largos, medias de rejilla... Y hasta aquí podemos leer.



En Europa, los ritmos más electrónicos siempre fueron de los ingleses y, especialmente, de los alemanes. Y fue en Alemania donde un modesto grupo liderado por una guapa teutona, dio en la diana con un tema que posteriormente fue grabado también en inglés. Si tenéis la oportunidad, no os perdáis la peli "Nena, tienes un problema", es terrible. ¡Vivan las german hairy girls!



Y volviendo a los EE.UU., Berlin se dieron a conocer bajo la sombra de Giorgio Moroder (para quien interpretaron el popular "Take my breath away", que ganó un Oscar en el 86). A ritmo de puterío de raso, Terri Nunn se llamaba a sí misma puta en su increíble debut. En una reciente aparición en televisión, en una especie de "¿Qué pasó con...?" esta mujer demostró haber hecho un pacto con el diablo, porque estaba aún más guapa que entonces. "Sex" me pone cachondo...



Debbie Harry era una conejita de Playboy que bailaba como una maniquí (este hecho es paranormal, teniendo en cuenta que había sido bailarina de bar). Realmente atómica.



Y ahora, yo me pregunto ¿por qué casi todas eran rubias de bote? Eso es lo que realmente me inquieta. Investigaremos...

13 agosto 2006

Temazo...

3 valses modernos







12 agosto 2006

¿Te quieres casar conmigo?


La cirugía estética apesta

A lo mejor no ha sido el quirófano, han sido las drogas, pero a mí me da en la narizota que Christina Amphlett se ha hecho un retoque... Sin duda, cualquier tiempo pasado fue mejor.


Antes:


Después:


09 agosto 2006

El último beso

Cuando acababa el año 2005 me tocó recapacitar sobre mi vida. Le di vueltas a todo lo que me rodeaba y pensé algo que ya escribí por ahí…

“Siempre hay un último beso… SIEMPRE. Para cada uno de nuestros seres queridos y con ellos. Siempre habrá un último beso que demos en una mejilla, en la frente o en los labios. Siempre. Me pregunto cuántas veces hemos entregado un beso sin sospechar que después no habría más. Cuántas veces hemos deseado que ése no fuera el último de todos, pero da igual. Si quieres más, TE JODES… A veces no hay más que hacer.

”Un día, cuando estéis acurrucados entre el pecho de vuestra pareja y ésta deje un pequeño y caluroso beso en vuestra carita, pensad que puede ser el último de todos. Igual que ocurre con los “te quiero”, “hasta luego”, abrazos, sonrisas, miradas, llamadas…

”Tenemos fecha de caducidad y eso me ha puesto jodidamente triste.

”(…) me regodearé en recuerdos, en anillos de compromisos devueltos, en abracitos y caricias, en esos “te quiero” sinceros pero con fecha de caducidad, en todos esos momentos que ya no volverán porque fueron los últimos… Ha sido un año extraño, y quiero hundirme un poquito en la normalidad que nunca he comprendido. Tampoco es verdad pero en fin…"

Hace días volví a pensar en los últimos besos y recordé ese texto… Supongo que hay besos que siempre permanecen, que son eternos, en la memoria, en la carne y en el alma. Y esos son los importantes, tanto o más que aquellos que deseamos pero que nunca llegaron; porque esos besos ansiados también pueden ser eternos, y un día, de ancianitos los recordaremos con un amargo gesto por haberlos dejado pasar de largo, por no haberlos sabido dar en el momento preciso, no haber querido o no haber podido. Es triste dar más importancia al deseo y anhelo que a la realidad vivida, pero ¿de qué nos sirve la fijación en la realidad cuando no hacemos más que evadirnos de ella?

“Aquí estoy. Decides que la eterna adolescencia termina y que es hora de crecer, y crecerás. Entonces todo cambia. Y esta vez cambiará. Tendrás una casa, más grande, con piscina, un garaje para el coche y un jardín muy cuidado. Un porche florido y puertas esmaltadas, un perro al que llamarás Marx y un barco al que llamarás Giulia. Tendrás la salud asegurada, la vida asegurada, una nevera siempre llena para no sentirte pobre. Una alfombra étnica para seguir sintiéndote joven, y ventanas por las que siempre entra el sol. Y entonces tendrás tu familia feliz, unos hijos sanos, y a ella. A ella, que te recordará todas las cosas bonitas que habrás tenido. ¿No es eso lo que siempre has soñado? (…) ¿La felicidad es esto? Yo creo que sí.” *


Afortunadamente, yo creo que no…



* texto de “El Último Beso”.

08 agosto 2006

Breves...