Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

26 noviembre 2008

LOS NUEVOS INQUILINOS

Así se titula el cómic que enviamos Irene Mala y yo al X Certamen de Cómic de Las Rozas. Ha sido seleccionado para la exposición que se inauguró el pasado 24 y que permanecerá en la casa de la Juventud hasta el día 12.


08 octubre 2008

DR. WHO presenta MÚSICA PARA CENAR

Durante todo el verano, en la Fábrica de Sombreros se celebraron diversas cenas con pinchas invitados para amenizar el convite. Es lo que se llamó Cenador Musical.
Así que a mí también me invitaron a pasar por allí una noche de julio. Sin embargo, pensé que sería más interesante crear algo diferente en casa, para dar ambiente, que poner la música en directo. Aquí dejo el resultado, para que se lo descargue quien quiera. La sesión incluye Mad Professor, Gudrun Gut, Theophilus Beckford, Arto Lindsay o Lali Puna.

¡Cene y triunfe! ¡Ascienda en la escala social! ¡Aumente su popularidad!
DR. WHO presenta MÚSICA PARA CENAR
(incluye instrucciones precisas para convertir su cena en un éxito).


Descarga de aquí.
O de aquí.


*la foto original es de Celia Macías, los cubiertos son de Irene Mala. Gracias.

02 octubre 2008

AMERICAN SPLENDOR – Otro día más, de Harvey Pekar

Hoy voy a hacer las paces con Harv.


Un par de entradas atrás me quedé con mal sabor. Entre estertores despertaba en mitad de la noche, sudoroso y apesadumbrado, con la imagen de Harvey Pekar al lado.

-¿Por qué me traes a tus pesadillas?
-No son pesadillas, me acabo de despertar entre estertores –le respondía.
-Sudoroso y apesadumbrado –apuntaba él.

Y allí terminaba todo. Efectivamente, era una de esas pesadillas en la que sueñas que te despiertas, pero en realidad sigues dormido. Aquello, como era de esperar, no gustaba nada a Harvey; primero, porque bastantes preocupaciones tiene él ya, y segundo, porque al ser requerido a mi vera, así, sin ningún permiso, le resultaba -cuando menos-, extraño, y ya es bastante aprensivo…

A lo que iba…, si dejé caer mi ira sobre el cómic de Macedonia, ahora tengo que romper una lanza a favor del artista, que con la edición en castellano de «American Splendor – Otro día más», vuelve a lo que mejor sabe hacer: hablar de sí mismo. Y en el mismo tono de siempre: apesadumbrado –como yo en el sueño-, quejica y molesto.

Si las aventuras americanas de Harvey solo habían visto la luz en nuestro país gracias a la recopilación de obras de Robert Crumb, ahora aparece un nuevo tomo titulado «Otro día más», bajo el que Pekar se reúne junto a algunos de los dibujantes más granados del panorama internacional, desde el maravilloso Glenn Fabry (¿quién se ha llevado su web!), hasta Ty Templeton, pasando por Eddie Campbell, Richard Corben o Dean Haspiel, con el que comparte más páginas, y con quien ya publicó «El derrotista». Cada uno de ellos dota las palabras de Harvey de una lírica personal que, más allá del derrotismo del que tanto alardea el guionista, logra encumbrarle como uno de los más grandes perdedores de todo Cleveland.


Haspiel (izda.), Fabry (dcha.).

De las historias de archivadores de sus antiguas historietas, Pekar pasa a mostrarse como un guionista que tiene que perseguir a sus editores para poder pagar las facturas, que no gusta de pasar más de unas horas fuera de la seguridad del hogar o que teme enfrentarse a la educación de su propia hija, todo ello envuelto de un clima de preocupación constante por absolutamente todo; bueno, hasta que su leal gato (creo que es Phoenix, la otra es una gata y se llama Phoebe) se le tumba en la barriga (lo único, aparte de una buena dosis de pastillas –y ni eso- que parece calmar al gruñón de Harvey). Pero la historia quizá sea lo de menos, porque absolutamente todo apesta a realidad, a costumbrismo. Y tal vez sea eso lo que la hace tan maravillosa, lo que provoca que el lector pueda emocionarse hasta el sollozo frente a una conversación de lo más banal, o durante la epopeya del váter atascado.

Guión original para «Our Cancer Year»,
de Harvey y Joyce Brabner
.

Diría que a Harvey Pekar le cuesta una barbaridad enfrentarse a un nuevo día. Y es por eso por lo que da tanta importancia a las cosas pequeñas.

¿Amigos?

29 octubre 2007

El arte mata

A día de hoy, ya son más de 150.000 firmantes (y el número sigue aumentando por minutos) los que piden el boicot a la presencia de Guillermo "Habauc" Vargas en la Bienal Centroamericana Honduras 2008.

¿Por qué?

Habacuc es uno de tantos que ha decidido llamar la atención de medios atentando contra la vida un animal en una de sus obras. En esta ocasión, el turno es de un perro, al que Guillermo mantuvo atado en la galería nicaragüense Códice, durante la Exposición Nº1 Un perro enfermo, callejero/ ”Eres lo que lees” (agosto 2007). El perro, que vivía en la calle, estaba enfermo, extremadamente delgado y muy débil. Fue cazado expresamente para la obra, donde permaneció atacado durante horas, sin comida ni bebida. Según explicó Marta Leonor González, editora del suplemento cultural de La Prensa en Nicaragua, a La Nación, ese mismo día el perro murió; este dato es algo en lo que no se pone de acuerdo la sala, algunos críticos o el mismo artista, que demuestra que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal, ya que no se molesta en desmentir la acusación, reafirmándose, cuando dice que no se arrepiente en modo alguno de lo que ha hecho…

Eso es lo que, a grandes rasgos, ocurrió con Natividad, nombre que se le dio al perro en homenaje al nicaragüense Natividad Canda (24 años), quien murió devorado por dos perros Rottweiler. Sin embargo, ¿qué tiene que ver el caso de Canda con el de Natividad (el perro)? Según palabras de Habacuc: “Me reservo decir si es cierto o no que el perro murió. Lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda, la gente se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros. (…) Nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada.”

Si, como dice Habacuc, nadie hizo nada, la obra fracasó en su cometido, ya que la gente se comportó de la misma manera que en la calle; pero da la causalidad de que según diversas fuentes, no fue así como se sucedió la velada. Del mismo modo, se contradice la sala en su comunicado, donde afirman que Códice “(…) jamás ha pretendido ejercer ningún tipo de censura, siempre y cuando no atenten contra los principios elementales de la ética y mucho menos que impliquen la vida de un ser viviente, sea humano o animal.” Me pregunto qué considera esta gente “atentar contra los principios elementales de la ética y toda esa retahíla que mencionan... Me pregunto qué habría pasado si en lugar de un perro, allí se hubiera encadenado a un niño… Un niño pobre y hambriento que tarde o temprano también iba a morir.

Como en otras ocasiones, la polémica está servida. El año pasado hacía mención aquí mismo a la obra de Rodrigo García, que mataba a un animal durante una de sus “performances”. Curiosamente, García y Habacuc se ponen de acuerdo en intentar justificar sus actos, buscando desenmascarar la hipocresía de la sociedad o intentando hacerla despertar; es decir, los dos artistas se endiosan a sí mismos hasta el límite de saberse por encima de éticas y moralinas que nada tienen que ver con el arte, según ha declarado el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) de Costa Rica.

Curioso. El comunicado del MADC termina apuntando: “Por lo tanto, que la solicitud de derogación de la participación de Guillermo Vargas (Habacuc) de la Bienal Centroamericana de Honduras 2008, consideramos es legalmente improcedente y sin fundamento, no solo porque las obras con las que el artista fue seleccionado a la Bienarte 2007 son distintas a la obra cuestionada, sino porque la censura de un artista por hacer una obra muy polémica -aunque esté sujeta a discusión dentro de los ámbitos de la estética y la ética- no debe ser de ningún modo la base de legitimación de la censura.”

Así pues, intentan vender la moto de que “ética” no va unida a censura… Habría que recordar a estos señores que no solo de leyes vive el hombre, pero ya que lo que quieren es jugar con las leyes en la mano, si repasamos el Código Penal de Costa Rica verificaremos que la crueldad animal, en cualquiera de sus formas e independientemente del fin último de la misma, es en sí un hecho repudiable y sancionado. Bien, desde un punto de vista meramente legal, es cierto que solo los jueces pueden censurar la obra de un artista, pero escurrir el bulto de manera tan zafia, clama al cielo. Ya lo apuntaba Rosa Montero, cuando se trata de “libertad creativa” está claro que todo vale para los artistas, críticos, museos o salas de exposición.

Si bien es cierto que la medida de esta petición de firmas no tiene como fin salvar la vida de un animal (que ya está muerto), sí pretende “castigar” al artista boicoteando su obra.

Es una lástima que en Marca Acme "curiosamente” pidan una contraseña para acceder a un más que interesante artículo llamado “5 piezas de Habacuc” donde se podía seguir en detalle, con fotografías y textos, cómo transcurría la polémica exposición y, donde, en contraposición a las declaraciones de Habacuc, se afirma que algunos de los asistentes protestaron y pidieron la liberación del animal, ante el caso omiso de la sala o el artista. Durante la obra, además, se colocaron textos en la pareces con comida para perros, así como agua a una distancia considerable de Natividad, para que nunca llegara hasta ella; también se pudo escuchar el himno sandinista al revés y en un incensario se quemaron 175 piedras de crack y una onza de marihuana.

En este montaje se pueden ver algunos momentos de la obra, aunque hay que recordar que el apunte que se hace al inicio no es cierto, ya que no se pretende que esta obra no sea expuesta en la Bienal (Habacuc presenta allí dos obras diferentes).

Desde el Blog de Jaime Sancho “Eres lo que Haces” podéis seguir en detalle noticias, opiniones, declaraciones y diversos menesteres de una historia triste a la que han llamado arte.

13 octubre 2007

Menudo Circo

“El circo tiene algo de romántico pero también algo de triste”, opinaba un amigo hace bastantes años. Supongo que es cierto.

Personalmente nunca me gustó el mundo entre rejas donde sobreviven los animales, ni mucho menos el entrenamiento al que son sometidos para realizar todo tipo de trucos que nunca me parecieron divertidos (y no quiero ni imaginar a ellos); los payasos me parecen aterradores; los trapecistas me aburren muchísimo… En realidad, aunque de pequeño acudía religiosamente todas las Navidades al circo instalado en la Plaza de Toros de las Ventas, no recuerdo que aquello me gustase. Incluso me acuerdo de cómo un grupo musical infantil (en mi mente eran Parchís, pero con los años he acabado creyendo que debían ser otros) sacaba a todos los niños para bailar y cantar con ellos; por alguna extraña razón, acabé en la pista haciendo como que disfrutaba de aquel espectáculo… A lo mejor los demás niños de veras lo pasaban en grande, en mi mente todos gritaban como locos y eso me recuerda al mundo donde acaba Pinocho (ya sabéis, aquellos niños fumadores, esclavistas…). Algo después, quizá la última vez que pisé uno de los circos de Las Ventas, vi a “El Equipo A”; se presentaban tal cual, pero su canción era la sintonía de la serie con letra en español; decía: “Equipo A, Equipo A, los héroes mercenarios entran en acción”... Durante la función también actuaba “El Gran Héroe Americano”, que en su primer vuelo, salió despedido contra una de las gradas, ante el grito de emergencia de sus compañeros, que buscaban un médico en la carpa (no era una broma, el tipo se ostió pero bien). Mi madre tenía una amiga que trabajaba en espectáculos circenses, disparaba en plan vaquera y, supongo, lanzaba cuchillos y esas cosas tan divertidas; me parece que una vez me llevó a verla al Parque de Atracciones de Madrid. Guardo un leve recuerdo sexual de aquella chica… Ya sabéis, ese morbo que los niños sentimos por las amigas de nuestra mamá, y aquella mujer llevaba pantalones ajustados, manejaba el látigo y agarraba la pistola como ninguna.

Por supuesto, el circo resultaría un arte de lo más respetable (más allá de los gustos de cada cual) de no ser por el trato y explotación animal e infantil. Es curioso cómo a día de hoy, aún hay gente que sonríe o suelta una sonora carcajada, tomándose a pitorreo que en los circos los animales sean maltratados. Desde mi punto de vista, el mero hecho de utilizar esos animales para provecho humano, ya me parece sobradamente reprochable, pero más allá de eso, en los circos se somete a verdaderas torturas a esas criaturas. Cualquier persona familiarizada con los animales, sabe lo mucho que cuesta “domar” a algunos de ellos, inculcar comportamientos propios de marionetas de feria o enseñar a hacer trucos excéntricos. Los animales, lejos de sentirse en su medio natural, son recluidos durante casi todo el día, encadenados y encerrados, para salir de sus cubículos, únicamente, para ser amaestrados a fuerza fruta, o para hacer una demostración de los trucos aprendidos. Imaginad por un momento el tratamiento al que debe ser sometido un enorme felino, que en realidad tiene un miedo natural atroz al fuego, para entrar por el aro ardiendo (de ahí la expresión “pasar por el aro”, por cierto). Para muestra, un botón:

Hace unos días, en el programa de Telemadrid “Madrid Opina”, el público -ese rebaño descerebrado programado para aplaudir cada vez que un contertuliano se agita en su asiento soltando alguna barbaridad (a más gorda, mayores aplausos)- abucheaba a algunos de los invitados que se atrevieron a mencionar los miles de muertos anónimos que permanecen enterrados en antiguas fosas comunes a lo largo y ancho de las tierras de España desde la Guerra Civil. Es interesante el comportamiento de ese público que, supongo, se comporta así más por ignorancia que por malicia o convencimiento. De igual modo, decía, mucha gente sigue viendo solo la cara amable del circo…

Los circos, con los años, han ido tomando conciencia de lo triste que generalmente resulta su espectáculo; más allá de aquel romanticismo de los viajes en carromato, la hambruna y diferentes leyendas negras han dinamitado la historia de circos populares en el mundo entero, o de artistas que en su día fueron grandes nombres de la carpa. Ahí tenemos la vida y milagros de Ángel Cristo, Fofito y su rencilla con los Aragón, La Ciudad de los Muchachos... Para lavar su cara, algunos atrevidos artistas, han decidido innovar creando espectáculos diferentes, mezclando cabaret, teatro, prescindiendo de los animales… El ejemplo más popular, aunque no el único, lo encontramos en el canadiense Circo del Sol.

Esta noche acudí nuevamente al circo. Y me sentí terriblemente culpable. Culpable, primero, por no molestarme debidamente en informarme de lo que iba a ver, y segundo, por haber asistido a un espectáculo donde se utilizaban animales. El Circo de los Horrores está dirigido por Suso Silva, más conocido como Suso Clown. Bajo la máscara de espectáculo diferente, y sustituyendo la carpa de un circo por las paredes de un teatro, el Circo Price acoge estos días en Madrid un espectáculo que de diferente tiene poco. Si bien es cierto que el montaje, maquillaje y puesta en escena en general pueden pasar por ser distintos a los de los circos convencionales, detrás encontramos más de lo mismo; pero lo verdaderamente grave es encontrar que mientras se muestran al público como algo innovador, utilizan animales en varios de los números: concretamente, una serpiente, que únicamente aparece enroscada en el cuerpo de uno de los artistas, y un caballo, que tristemente es montado por La Muerte; sería fácil hacer un símil.

María, que me acompañaba esa noche, y es gran conocedora del mundo ecuestre, me narraba al oído cómo el jinete realizaba cada uno de los trucos, cómo utilizaba elementos que realmente debían herir al animal y cómo se cebaba con él, mientras los aplausos, bastante más apagados que en los demás números, se sumaban a los bailes y trotes, meneos y saltos… Vergonzoso. Precisamente, de no ser por estar acompañado, me hubiera levantado en medio de su actuación y me habría largado de allí. Pero el clímax llegó con la participación de una pequeña niña.

Recuerdo que hasta que entré al circo esta noche, el trabajo infantil estaba prohibido en España; bueno es saber, precisamente hoy, día del orgullo patrio, que las cosas no han cambiado tanto. Y bueno es saber que un circo siempre será un circo, porque esos mismos niños, también cubren espectáculos de El Circo del Sol, por ejemplo. Pero del trabajo infantil no se libra ni el circo, ni el teatro, ni el cine… Que trabajen y les llenen las arcas a los padres, claro que sí…

Si bien es cierto que en la actuación de Suso Clown se adivinaba el saber estar en escena, me ha picado la curiosidad y he cotilleado un poco para saber más de este personaje.

De los Silva del Circo de los Muchachos, sobrino del jesuita Padre Silva, su fundador, Suso es un mundialmente reconocido mimo y clown que ha pasado de vivir en los carromatos ajenos, a montar sus propios espectáculos. El Circo de los Muchachos (Benposta, Orense), se fundó con una de esas utópicas ideas donde los niños son los que mandan (eligiendo incluso su propio ayuntamiento), en el año 56, donde se fundó la segunda escuela de circo del mundo, con la idea de que se juntara allí una comunidad de niños desfavorecidos bajo el amparo del catolicismo. Sin embargo, esta ciudad fue construida no solo para los niños, sino también por ellos. Con los años, igual que ha ocurrido en lugares parecidos, ha empezado a surgir la mierda… Tanto es así, que las denuncias al centro se empezaron a sumar, incluyendo las de abusos sexuales; lo que un día nació como sueño utópico ha terminado siendo tachado de secta destructiva por buena parte de los niños que han pasado por allí. El Padre Silva decidió que su permanencia se hacía insostenible y se marchó llevando con él a quince menores, cuyos familiares (muchos de ellos también de El Circo de los Muchachos) denunciaron su desaparición; cuando el Padre Silva reapareció, acusó a aquellos que se habían levantado contra él de haber dado un golpe de estado en su comunidad.

El mundo es un circo.

22 mayo 2007

NMNS
(fotos)

Algunas fotos de la inauguración de Ni Músculos Ni secreciones.
La exposición se ha prorrogado hasta el próximo viernes, día 25, con una fiesta de cierre, a las 20:30.







06 mayo 2007

NI MÚSCULOS NI SECRECIONES


Transformar una casa en una galería no es un trabajo fácil.
Verónica Ibarra y Carlos Thomas lo han hecho posible. Estos dos artistas veganos lo tuvieron claro: si quieres que ocurra algo, Hazlo Tú Mismo. Y así es como se han liado la manta a la cabeza con una de las propuestas más arriesgadas e innovadoras que ha visto Madrid en mucho tiempo: NI MÚSCULOS NI SECRECIONES.

Recuperan el espíritu
Do It Yourself y unifican el esfuerzo y creación de 16 artistas del Reino Unido, Estados Unidos y España. ¿Qué tienen todos ellos en común? Sus obras llenan las paredes, suelos y techos de un espacio hasta ahora vacío, y además, todos ellos son veganos.

NI MÚSCULOS NI SECRECIONES es el primer encuentro internacional y multidisciplinar de artistas veganos de una magnitud importante que se celebra en todo el mundo. Y es solo el principio. Tras Madrid habrá NEITHER MUSCLES NOR SECRETIONS en ciudades como Londres, Berlín o Nueva York.

El centro de Madrid albergará las obras de
Kate Corder (Reino Unido), Allison Cole, Ray Frenden, Colin Matthes, Julie A. McConnell, Travis Nichols, Eric Redetzke, Heather May Redetzke, Maggie Suisman, Ashley Watson, Matt Page y Jt Yost (EE.UU.) y Verónica Ibarra, Javier R. Rosell, Sierra y Carlos Thomas (España), desde el día 10 de mayo, hasta el 16, desde las 12 de la mañana hasta las 10 de la noche ininterrumpidamente y totalmente gratis.

Pintura, vídeo, fotografía, escultura, impresión, dibujo e instalación bajo un mismo techo con la intención de abrir tu curiosidad y mostrarte un evento que no deberías dejar que nadie te contara.

Estas son algunas obras de los artistas (no necesariamente las que se expondrán en NMNS).

Fiestón de Inauguración: jueves, 10 de mayo, a partir de las 20 h, con buffet vegano y música. Entrada libre todos los días.

C/ San Bernardo, 51 piso 2c Madrid (Metro Noviciado / Plaza de España)
10-16 Mayo 2007.
12-22h todos los días.
CONTACTO: nmns@nimusculosnisecreciones.com
Tel.: 651 634 754
http://www.nimusculosnisecreciones.com/
http://www.myspace.com/nimusculosnisecreciones

Para abrir boca, los preparativos...




04 abril 2007

Aventuras en el Gran Hospital: I
(Mapplethorpe y la introducción de objetos en el cuerpo)

Debía correr el año 93. Sylvie pasaba la mitad de los días encerrada en la biblioteca del Reina Sofía y yo, de vez en cuando, iba a buscarla. Recuerdo que a la entrada te ponían una pegatina, como cuando entras en un plató de la tele. A mí me gustaba cotillear aquello, que era más su mundo que el mío, y salíamos de allí con carpetas llenas de fotocopias. Estoy seguro de que no siempre estaba manoseando aquel libro, pero recuerdo que, como si fuera un juguete recién encontrado, cuando yo llegaba, mirábamos entre sus páginas. Era un libro de fotos de Robert Mapplethorpe.

Entonces descubrí lo que a aquel tipo le gustaban las penetraciones, porque claro, uno con los años se entera de que sus fotos de flores también son populares pero lo que te llama la atención a tan tierna edad son las fotos de desnudos; especialmente las que recuerdo como trilogía de la penetración: una que ahora me resulta hasta simpática en la que el fotógrafo aparece introduciéndose el mango por el ano, quedando el látigo colgando, como si fuera su cola; la otra foto, un poco menos simpática –y que recuerdo como muy impactante- era “Helmut & Brooks”, un fist-fucking en toda regla; ahora bien, si se me quedó grabada una imagen del todo desagradable, aquella fue la de “Lou”, donde el dedo meñique de una mano se introducía en un pene. Esta última imagen servía para encogerme el escroto, y aunque no la comprendía, no podía dejar de observarla cada vez que daba con el libro en la biblioteca, porque esa foto no aparecía en los packs de postales del VIPs; supongo que tenía que ver con el morbo por lo macabro y desagradable, porque a mí aquello me parecía del todo terrible…, solo imaginar el escozor, el dolor, la dilatación… Hace unos quince años de aquello, cuando un día, sin comerlo ni beberlo, una enfermera me dice:

- Daniel, si no orinas te tenemos que poner una sonda.
- Muy bien –pienso yo-, ¿y eso es un tubito como el del suero, que me pondréis en el brazo?
- No, eso es un tubo que llega a la vejiga.

Aquí me empiezo a poner nervioso.

Comprendo y me acojono, porque aseguro que volver a ver aquella imagen después de quince años provocaba escozor. Me dieron un ultimátum, pero imaginad un cuerpo que casi no se puede mover, recién operado, rodeado de desconocidos y con una botella en la mano donde no sabe ni cómo se mete… Yo me estaba orinando. ¡Me meaba mucho!, es lo que suele ocurrir cuando pasas casi un día a base de suero; pero no podía soltar ni gota. Llegaron los trucos: dos vasos con agua y escuchar el dulce caer mientras tu vecino de cama escupe el pulmón a causa de la tos y en la otra punta un enfermera confunde al paciente de la 1 con un sordo y ofrece gratuitamente conversación a todo el hospital. Los vasos no funcionan. Una enfermera me recomienda poner hielo en la vejiga, así que me traen una lata y la caliento contra mi cuerpo; nada… Me cambian el suero y me avisan de que si a las 8 de la tarde no he podido orinar, me pondrán la sonda, tengo que expulsar la anestesia. Acojone.


Al ver mi cara, la enfermera se apiada de mí y me dice que entre dos personas me pueden sujetar de pie, sin moverme del sitio, para que me reincorpore a una posición un poco más “natural” para mear. En cuanto me pongo en vertical la boca se llena de líquidos, creo que voy a vomitar. No hay palangana cerca, así que me acercan una papelera en la que empiezo a escupir para vaciar la boca. Tiemblo un poco y cuando llega la palangana decido tumbarme. Tiro la toalla, lo que quiero es que pase ese momento.

Llegan tres enfermeras con unos tubos que daban miedo de lo largos que eran y pienso para mí (muy en broma, claro) que eso es imposible que entre por un agujerito tan pequeño… Se colocan los guantes delante de mí, destapan mis piernas dejando la sábana por encima de mi torso para que no vea la operación, y comienzan a discutir cómo sacar los tubos de su envoltorio… Cuando te van a introducir un tubito que parece de un metro de longitud por el orificio por donde sueltas pequeños y suaves chorritos de orín dorado, acojona, pero cuando además ves discutir a las enfermeras sobre cómo quitarle el plastiquito, aquello da terror. Con el flácido tubo en la mano, aplican no sé qué líquido (imagino que lubricante) y en un momento estás “entubado”. Realmente no es tan doloroso, es más bien impactante (mentira, duele bastante); supongo que mucho más impactante si miras, algo que no hice durante el día que estuve con aquello…, porque cuando pregunté si me lo quitarían si llenaba una bolsita, a modo de premio, una sonrisa cubrió sus caras.

- Quizá esta noche. O mañana.

Pero ¿cómo que mañana? ¡Si yo ya estaba meando! ¡Me querían dejar con eso toda la noche? Y vaya si me quedé con ello. Cuando tomé una postura medianamente apropiada, creo que no me moví hasta el día siguiente. Por la noche no pude pegar ojo, y cuando intentaba moverme, la gomita de la sonda, me tiraba del pelo de la pierna o me molestaba demasiado. Aquella agonía tenía que terminar tarde o temprano, y terminó tarde porque por allá pasaban las doctoras de los demás enfermos y a mí no me visitaba nadie. Creo que mi doctora se olvidó de mí, así que tras la queja maternal de una siempre cuidadosa madre, apareció allí y dio permiso para liberarme. Entonces, una enfermera se colocó a mi vera y comenzó a dirigir mi respiración.

- Ahora suelta el aire de golpe.

Y zas…, fuera… Al rato recuerdo que me atreví de nuevo a levantar la sábana para mirar debajo. Restos de pus reseco cubrían parte de mi pierna y unas gotas de sangre emergían de mi pene. Ahora tendría que ser bueno y hacer pipí solo o volverían con más tubos. Tenía que intentarlo, y lo logré, pero aquello escocía como en la peor de las cistitis. Casi ha pasado una semana y las molestias parecían haber remitido pero hoy vuelve a escocerme y hoy vuelvo a recordar aquella biblioteca. Mapplethorpe, ¿qué me has hecho?

25 septiembre 2006

22 septiembre 2006

Mondo lirondo
(y otras mierdas contemporáneas)

Hace poco he vuelto a leer, escuchar y saber acerca de la utilización de animales (ya sean vivos o muertos) en espectáculos en directo. La subversión, el escándalo, el nihilismo… Tocar la fibra del espectador, en caso de que lo hubiere. Muchas son las excusas dadas por los artistas y muy pocas las puertas con las que se encuentran a nivel legal, ya sea por desconocimiento del espectador que puede denunciar la obra, ya sea porque las leyes que imperan en determinadas regiones no son suficientemente explícitas respecto al tema, o simplemente, pecan de ambiguas.

Hace unos meses escribí sobre Rodrigo García y La Carnicería Teatro. Ejemplo perfecto de artista que quiere pecar de inconformista, sin darse cuenta de hasta qué punto llega a pecar de lo contrario.

Recientemente, fue entrevistado en televisión acerca de “Accidens – Matar Para comer”. Denominada “performance culinaria”, en “Accidens” se cuelga un animal vivo para seguir con detenimiento su reacción y comportamiento, escuchando los latidos de su corazón, observándolo…, mientras es despedazado a machetazos y preparado para su cocción.

“¿Y todo para qué?” Así terminaba la entrevista. Rodrigo García ofrecía una mirada perdida e infantil como toda respuesta a la “insolente” pregunta del entrevistador.

Tras un accidente, este iluminado de la crueldad escénica creyó necesario despertar el interés de los humanos frente a la naturaleza; cree que nos estamos deshumanizando poco a poco, porque para comer ya sólo necesitamos ir al supermercado y comprar una lata, sin necesidad de salir al campo para cazar la presa. ÉL es EL elegido para despertar nuestra conciencia salvaje dormida durante años de acoplamiento en el sillón, frente a la tele. ÉL es EL elegido para traer de vuelta el espíritu de supervivencia al género humano.

Estos son sus argumentos.

Sin embargo, mientras en España la obra se ha representado sin mayores problemas, en Italia, la Liga Antivivisección llevó a los tribunales la denuncia (concretamente contra Juan Loriente) de un espectador particular que observó la matanza el día del estreno en el Festival Conteporanea.

Los ejemplos de muertes en directo se multiplican durante la historia de la humanidad, y aunque en nombre del arte -como excusa perfecta- aunque no abunda tanto, también tienen su aceptación (como tienen su desaprobación). Sin embargo, esta desaprobación -que normalmente se lanza a gritos- de personas escandalizadas, sugiere diferentes apuntes filosóficos, culturales y éticos.

La muerte del animal para uso y disfrute humano parece justificada por gran parte de la sociedad moderna: el animal en el plato es válido; si embargo, el animal colgado en un escenario, rajado y cocido aún vivo, no; como tampoco es válido el maltrato al toro en una plaza; como tampoco vale apalear hasta la muerte un perro (aunque este caso concreto, tan de moda últimamente por el caso del maltrato en Galicia, merece atención especial, curiosamente, el acusado –grabado y denunciado-, defiende su honor ante un público encolerizado que no para de lanzar improperios contra el veterinario que grabó y denunció el caso)…

Que hoy por hoy en España se aplaudan casos tan explícitamente brutales como el acaecido en Galicia en el año 2004 quizá no sea habitual, pero seguimos comprobando que existe una doble moral que traza la línea entre lo válido y lo inapropiado a su libre albedrío, de manera que cada cuál se pone una venda frente al plato que come, o se lo piensa mejor antes de llevarse el tenedor a la boca…

Cuando Rodrigo García preparó la obra, quizá no pensó que su mensaje tenía doble filo. Si bien su forma y mensaje son abiertamente especistas, la reflexión que deja sobre la mesa acerca de lo que en realidad comemos tiene un interés bastante singular. Pero la historia del maltrato animal y La Carnicería no es nueva; hace cinco años llevó a los escenarios un espectáculo en el que los catalanes Standstill aterrorizaban a un burro amarrado que pretendía soltarse a toda costa durante la interpretación.

Las muertes de animales, los ensañamientos y torturas… están a la orden del día. Cuando este tipo de comportamientos son grabados para fines lucrativos (e incluso, en ocasiones, “artísticos”), los vídeos son denominados “mondo”; estas películas seudo documentales (que muchas veces mezclan ficción con imagen real), originalmente pretendían ser una puerta abierta al mundo “salvaje” desde un punto de vista puramente occidental, mostrando crudas imágenes de accidentes, matanzas, sacrificios, muertes…, principalmente del mundo que habitualmente se conoce com salvaje (ya sea por su menor contacto con la cultura occidental o por su estado plenamente salvaje -léase la naturaleza). Durante los 60 y 70 este género se explota de tal manera que el escándalo no tarda en llegar. Sin embargo, películas como “Hombres salvajes, bestias salvajes” (donde, entre otras lindezas, se muestra el saqueo de un poblado indígena y el asesinato y castración de sus habitantes) son tachadas de fraude, ya que muchas de las situaciones mostradas son ficticias. Digamos que el “mondo” es el equivalente “cultural” al mítico cine “snuff”, en el que teóricamente se elige una víctima real para ser torturada o asesinada. Hay mucha leyenda en torno al cine “snuff” e incluso a si realmente existen estas películas; creo que pecamos de ingenuos negando una evidencia que está a la orden del día. La gente graba situaciones que les resultan excitantes; en ocasiones el asesino disfruta matando… Negar que existan grabaciones de asesinatos llevados a cabo con el único fin de ser inmortalizados, me parece irrisorio. Sin embargo, diferentes expertos en cine oscuro y underground siguen negando públicamente la existencia de dichas películas. El mercado alternativo dedicado a su comercio, o una cerrada red de visionado de películas “snuff” sugieren una idea excelente para explotar dentro del género ficticio (recordemos el caso de “Tesis”), aunque sigue quedándose en “tablas” la lucha entre realidad y ficción.

Recuerdo haber dado hace muchos años con excepcionales y raros catálogos de vídeo donde se ofrecía la venta de alguna película “snuff”; por supuesto, una película real no se ofrecería en un catálogo de venta por correo… O quizá sí, no hay mejor manera de maquillar la realidad que mostrándola tal como es (no hubiera sido la única película prohibida de todo el catálogo, recuerdo bastantes títulos de la aventajada Traci Lords). El precio excedía con creces el de las demás películas del catálogo… En cualquier caso, el escándalo está servido.

Desde mi postura personal, entiendo que haya gente que se alimente de carne y, sin embargo, se escandalice frente a la tortura de un toro, o frente a “Accidens” (por poner dos ejemplos), sin embargo, no comparto esa doble moral. Normalmente ellos ven un referente puramente lucrativo y lúdico en el espectáculo, mientras que no prestan la misma atención al pedazo de animal con el que se alimentan. A la gente no le gusta que le recuerden lo que come, normalmente se sienten heridos en su orgullo, atacados personalmente o, simplemente, avergonzados, reconociendo no querer reflexionar sobre el tema. Si bien entiendo que exista una doble moral, no entiendo preferir vivir con una venda en los ojos.

Por lo visto, hay quien para sentirse vivo, necesita ser partícipe de la muerte… En ocasiones escuché aquello de “la vida es así”. ¡Cuán equivocado concepto!
LA
MUERTE

es así.