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26 noviembre 2008

LOS NUEVOS INQUILINOS

Así se titula el cómic que enviamos Irene Mala y yo al X Certamen de Cómic de Las Rozas. Ha sido seleccionado para la exposición que se inauguró el pasado 24 y que permanecerá en la casa de la Juventud hasta el día 12.


02 octubre 2008

AMERICAN SPLENDOR – Otro día más, de Harvey Pekar

Hoy voy a hacer las paces con Harv.


Un par de entradas atrás me quedé con mal sabor. Entre estertores despertaba en mitad de la noche, sudoroso y apesadumbrado, con la imagen de Harvey Pekar al lado.

-¿Por qué me traes a tus pesadillas?
-No son pesadillas, me acabo de despertar entre estertores –le respondía.
-Sudoroso y apesadumbrado –apuntaba él.

Y allí terminaba todo. Efectivamente, era una de esas pesadillas en la que sueñas que te despiertas, pero en realidad sigues dormido. Aquello, como era de esperar, no gustaba nada a Harvey; primero, porque bastantes preocupaciones tiene él ya, y segundo, porque al ser requerido a mi vera, así, sin ningún permiso, le resultaba -cuando menos-, extraño, y ya es bastante aprensivo…

A lo que iba…, si dejé caer mi ira sobre el cómic de Macedonia, ahora tengo que romper una lanza a favor del artista, que con la edición en castellano de «American Splendor – Otro día más», vuelve a lo que mejor sabe hacer: hablar de sí mismo. Y en el mismo tono de siempre: apesadumbrado –como yo en el sueño-, quejica y molesto.

Si las aventuras americanas de Harvey solo habían visto la luz en nuestro país gracias a la recopilación de obras de Robert Crumb, ahora aparece un nuevo tomo titulado «Otro día más», bajo el que Pekar se reúne junto a algunos de los dibujantes más granados del panorama internacional, desde el maravilloso Glenn Fabry (¿quién se ha llevado su web!), hasta Ty Templeton, pasando por Eddie Campbell, Richard Corben o Dean Haspiel, con el que comparte más páginas, y con quien ya publicó «El derrotista». Cada uno de ellos dota las palabras de Harvey de una lírica personal que, más allá del derrotismo del que tanto alardea el guionista, logra encumbrarle como uno de los más grandes perdedores de todo Cleveland.


Haspiel (izda.), Fabry (dcha.).

De las historias de archivadores de sus antiguas historietas, Pekar pasa a mostrarse como un guionista que tiene que perseguir a sus editores para poder pagar las facturas, que no gusta de pasar más de unas horas fuera de la seguridad del hogar o que teme enfrentarse a la educación de su propia hija, todo ello envuelto de un clima de preocupación constante por absolutamente todo; bueno, hasta que su leal gato (creo que es Phoenix, la otra es una gata y se llama Phoebe) se le tumba en la barriga (lo único, aparte de una buena dosis de pastillas –y ni eso- que parece calmar al gruñón de Harvey). Pero la historia quizá sea lo de menos, porque absolutamente todo apesta a realidad, a costumbrismo. Y tal vez sea eso lo que la hace tan maravillosa, lo que provoca que el lector pueda emocionarse hasta el sollozo frente a una conversación de lo más banal, o durante la epopeya del váter atascado.

Guión original para «Our Cancer Year»,
de Harvey y Joyce Brabner
.

Diría que a Harvey Pekar le cuesta una barbaridad enfrentarse a un nuevo día. Y es por eso por lo que da tanta importancia a las cosas pequeñas.

¿Amigos?

14 julio 2008

MACEDONIA, de Harvey Pekar y Heather Robertson



Hace unos días encontré una nueva librería (nueva para mí, quiero decir), cuando cotilleando en su interior vi el cómic de Macedonia destacado en un atril. "Anda, un cómic del tipo de American Splendor" –me dije. Tenía buena pinta y me lo llevé a casa.

Si uno lee un cómic de Harvey Pekar lo más probable es que se encuentre un montón de historias cotidianas, con mala leche y cierto regusto nostálgico. Es ese costumbrismo en el que podemos vernos reflejados cualquiera de los mortales el que hace sus obras geniales, aunque es ese mismo costumbrismo al que hay que saber dar forma de tal modo que resulte interesante. A nadie le gusta observar por un agujero al vecino para descubrir cómo es su miserable y aburrida vida sin que ocurra lo más mínimo interesante en ella... Vale, a algunas personas no nos gusta, y si cotilleamos dentro de la vida de los demás, de sus propias historias, agradecemos que éstas, al menos, estén contadas con gracia. Pekar no ha perdido la gracia, pero quizá se aleje de aquello que esperas encontrar precisamente en uno de sus cómics. En esta ocasión se mete en la piel de Heather, una estudiante de Ciencias Políticas que decide buscar la razón que lleva a los pueblos a meterse de lleno en una guerra o, por el contrario, evadirse de ella; la cuestión más exacta sería: ¿algún país se ha librado de ella? Y esa pregunta le lleva a viajar hasta Macedonia para elaborar su Tesis Doctoral.

Y aunque es Pekar el que llena los créditos del cómic, Heather es también guionista de la obra (sí, Pekar también aparece retratado en algún momento). Las ilustraciones corren a cargo de Ed Piskor, que si bien en una primera hojeada parecen las típicas ilustraciones de cómic underground americano, no hay más que afinar un poco la vista para toparse con la cruda realidad (lo siento, no puedo con esas desproporciones). Claro que quizá no importe demasiado que un personaje tenga el ojo encima de la boca o que tenga un pie desencajado... En cualquier caso a mí me resulta feo.

La trama es probable que te guste si te interesa conocer la historia de los Balcanes y, sobre todo, lo que ocurrió en la extinta Yugoslavia y, más concretamente, en Macedonia. Con esto no quiero decir que a mí no me interese, pero cuando leo un cómic de Pekar espero otra cosa. Las tremendas parrafadas con las que puede llenar una página me hacen pensar que lo ideal quizá habría sido escribir un libro, uno a la vieja usanza, sin dibujicos de las narices, aunque probablemente así habrían perdido buena parte de ventas. En ocasiones me pregunto cuál es la barrera que hace que un escritor se decida por el guión de un cómic y no de una película, o por qué escribe una novela gráfica y no, sencillamente, una novela; y sé que hay respuestas sencillas y complicadas. Si lo que aparece en el cómic es cierto, esto debió ser así: Harvey está preparando un trabajo sobre Macedonia, conoce a Heather antes de su viaje y le pide a que tome notas para poder usar en su trabajo, Harvey recoge las notas y nos cuenta la historia de Yugoslavia hilando la actual situación de Macedonia y con la estancia de Heather. Total, un rollo.


Un botón.

Otro botón.


26 octubre 2007

PICHIFLÍS "The Fanzine" 200 pts.

Pichiflís surge en el año 93, cuando unos cuantos compañeros de instituto y un amigo, se juntan para poner en marcha un fanzine. La idea era reflejar en papel todo aquello que nos parecía interesante, bajo el lema “tope cutre – tope pirata”. Al final, supongo que por comodidad, el fanzine fue básicamente musical, con algunos cómics, textos…

¡Ni! y ¡Pon! nos propusimos montar algo juntos; él dibujaba y a mí me gustaba escribir, así que empezamos a fantasear con una pareja de ladillas que se llamaran Ni y Pon, y que nos representaban a nosotros. Las ladillas se convirtieron en nuestras mascotas (del fanzine) y creo que “¡Ni-Pon!” fue la primera propuesta de nombre; al proyecto se sumaron Pato y Pingüi, y así nació el equipo oficial, que contó con la ayuda de algunos amigos. A nosotros nos interesaba mucho más trabajar y conocer gente, y cualquiera que haya hecho un fanzine sabrá lo que eso significa. Dábamos carta blanca a quien quisiera hacer algo con nosotros, y quizá por eso algunos contenidos parecían cogidos con pinzas.

Los nipones travestidos,
uno de sus pasatiempos favoritos

¡Ni!, ¡Pon!, Pingüi y Celis, en clase

Casi siempre que me embarco en una cosa de estas características, me pasa algo parecido: quiero tenerlo todo bien atado; lo que es positivo, si lo consigues, pero es un coñazo porque necesitas mucho más tiempo para hacer el trabajo, supervisar el de los demás, andar detrás de la gente para que entregue las cosas a tiempo, escribir cartas, hacer las fotocopias (que no nos sacaban en la oficina de familiares o amigos)… Por ejemplo, con respecto a la maquetación…, aquello era una suerte de corta y pega (aunque creo que con la suficiente gracia), en una época donde no sabía ni lo que era un escáner. Ya habréis supuesto que esto eran fotocopias en blanco y negro, ¿no? Pese a todo, también me escapaba de mis responsabilidades, porque si Roberto (¡Ni!), tenía que dibujar los cómics, se suponía que yo tenía que hacer los guiones, pero en lugar de eso, me dediqué a hacer mis propios dibujos, sin tener ni idea…

La prueba 1 de que no tengo
ni puta idea de dibujar
El cómic emo definitivo

En el primer número, no teníamos apartado de correos, y como no nos apetecía poner nuestro domicilio particular, logramos engañar a alguien (creo que Barbita) para que pusiera el suyo. Recibimos (y hablo de memorieta) un total de… ¿dos cartas?, en los dos años y pico que sobrevivimos. Pero esas cartas hacían mucha ilusión.

En el año 94, después de no sé cuánto tiempo preparando el primer número, salimos a la calle. Recuerdo, como algo parecido a nuestro zine, el de Flema, un fanzine amigo con el que compartíamos colaboradores y ayudas varias. De hecho, gracias a Raúl, su cabeza pensante, logramos alguna entrevista “gorda”, como la de Devil Dogs (nº 2), a cargo de Kike Buitre. No obstante, Kike Babas y Kike Turrón, publicaron en el 96 un libro llamado “De espaldas al kiosco (Guía histórica de fanzines y otros papelajos de alcantarilla)” que resultó la enciclopedia del fanzinerismo en España y que no sé si ha tenido alguna nueva edición revisada, o siquiera competencia, donde aparecíamos reseñados. Era breve, pero entre otras cosas comentaban que hacíamos un zine “romantic-punk”, cuya maquetación brillaba por su ausencia, y que incluíamos una polla como póster, finalizando tan linda crítica con un “guarretes ellos”.

Por estas cosas nos llamaban machistas

Bajo recomendación, prometimos periocidad bimensual. Craso error. El segundo número salió más de un año más tarde; era un poco menos cutre, así que a la gente le gustó menos… Y así fuimos acumulando más y más material para un tercer número, que tenía que haber salido y nunca salió… Me cansé de llevar tanto curro mientras había gente que apenas movía el culo y, sobre todo, extravié gran parte de los contenidos. Más de diez años después, encontré una carpeta perdida en casa de mi madre; al abrirla asomaron aquellas entrevistas transcritas a mano, cómics terminados, y reseñas varias… Me hizo mucha ilusión, pero obviamente era bastante tarde. Hoy presento, en exclusiva, parte de ese material inédito: El Capitán Straight.

La gente todavía se acuerda de aquel par de números, cosa que me honra. Pichiflís marcó parte de mi adolescencia, aunque fuera para perder el tiempo sanamente. Dudo mucho que alguno de los artistas que hicieron posible aquello esté leyendo esto, pero me gustaría mandarles desde aquí un fuerte abrazo. Que esto sirva de agradecimiento y homenaje.

Falo que sí.

¡Ni-Pon! (nº 2)

Cómic inédito

25 septiembre 2006