
26 noviembre 2008
05 noviembre 2008
17 octubre 2008
Y con eso no quiero decir «música joven ye-yé», no crean… Me refiero a algunos videoclips realizados con animación. Concretamente, vídeos de Madee y, particularmente, Kid Koala, que con eso de que le da al lápiz cosa fina, le cogió el gusto a darle formato visual a sus temas, para lo que no solo se ha servido de la animación; en el año 2003 publicó el libro «Nufonia Must Fall», para el que grabó una banda sonora muy particular en la que dividía los temas para hacerlos coincidir con cada página. Tanto los catalanes como el DJ canadiense nos visitan estos días.
08 octubre 2008
Así que a mí también me invitaron a pasar por allí una noche de julio. Sin embargo, pensé que sería más interesante crear algo diferente en casa, para dar ambiente, que poner la música en directo. Aquí dejo el resultado, para que se lo descargue quien quiera. La sesión incluye Mad Professor, Gudrun Gut, Theophilus Beckford, Arto Lindsay o Lali Puna.
DR. WHO presenta MÚSICA PARA CENAR
(incluye instrucciones precisas para convertir su cena en un éxito).
Descarga de aquí.
O de aquí.
*la foto original es de Celia Macías, los cubiertos son de Irene Mala. Gracias.
02 octubre 2008

Un par de entradas atrás me quedé con mal sabor. Entre estertores despertaba en mitad de la noche, sudoroso y apesadumbrado, con la imagen de Harvey Pekar al lado.
-¿Por qué me traes a tus pesadillas?
-No son pesadillas, me acabo de despertar entre estertores –le respondía.
-Sudoroso y apesadumbrado –apuntaba él.
Y allí terminaba todo. Efectivamente, era una de esas pesadillas en la que sueñas que te despiertas, pero en realidad sigues dormido. Aquello, como era de esperar, no gustaba nada a Harvey; primero, porque bastantes preocupaciones tiene él ya, y segundo, porque al ser requerido a mi vera, así, sin ningún permiso, le resultaba -cuando menos-, extraño, y ya es bastante aprensivo…
A lo que iba…, si dejé caer mi ira sobre el cómic de Macedonia, ahora tengo que romper una lanza a favor del artista, que con la edición en castellano de «American Splendor – Otro día más», vuelve a lo que mejor sabe hacer: hablar de sí mismo. Y en el mismo tono de siempre: apesadumbrado –como yo en el sueño-, quejica y molesto.
Si las aventuras americanas de Harvey solo habían visto la luz en nuestro país gracias a la recopilación de obras de Robert Crumb, ahora aparece un nuevo tomo titulado «Otro día más», bajo el que Pekar se reúne junto a algunos de los dibujantes más granados del panorama internacional, desde el maravilloso Glenn Fabry (¿quién se ha llevado su web!), hasta Ty Templeton, pasando por Eddie Campbell, Richard Corben o Dean Haspiel, con el que comparte más páginas, y con quien ya publicó «El derrotista». Cada uno de ellos dota las palabras de Harvey de una lírica personal que, más allá del derrotismo del que tanto alardea el guionista, logra encumbrarle como uno de los más grandes perdedores de todo Cleveland.
De las historias de archivadores de sus antiguas historietas, Pekar pasa a mostrarse como un guionista que tiene que perseguir a sus editores para poder pagar las facturas, que no gusta de pasar más de unas horas fuera de la seguridad del hogar o que teme enfrentarse a la educación de su propia hija, todo ello envuelto de un clima de preocupación constante por absolutamente todo; bueno, hasta que su leal gato (creo que es Phoenix, la otra es una gata y se llama Phoebe) se le tumba en la barriga (lo único, aparte de una buena dosis de pastillas –y ni eso- que parece calmar al gruñón de Harvey). Pero la historia quizá sea lo de menos, porque absolutamente todo apesta a realidad, a costumbrismo. Y tal vez sea eso lo que la hace tan maravillosa, lo que provoca que el lector pueda emocionarse hasta el sollozo frente a una conversación de lo más banal, o durante la epopeya del váter atascado.
Diría que a Harvey Pekar le cuesta una barbaridad enfrentarse a un nuevo día. Y es por eso por lo que da tanta importancia a las cosas pequeñas.
¿Amigos?

Queísmo.
1. m. Gram. Empleo inapropiado de la conjunción «que» en lugar de la secuencia «de que»; p. ej., *A pesar que amanece.
Mientras que el dequeísmo parece asimilado por la sociedad, el queísmo suma y sigue. Cuando el emisor lanza el error sonoro, cabe la posibilidad de que el oyente esté a otra cosa y ni se entere (dicen que si el error no es escuchado, es que no ha sido emitido, o algo…), pero ¿y si el error se incluye en el título de una película? Ahora bien, ¿hay error gramatical en estos títulos? Aunque la regla parece afirmar que sí, no tardó en salir en defensa de la pureza lingüística el mismísimo Lázaro Carreter para sentar cátedra: la construcción de “Antes que anochezca” era correcta. En realidad, las dos son correctas. Y lo mismo para “Antes que el diablo sepa que has muerto”.
La reflexión aquí.
Se dice, se comenta, que el título de esta última iba a ser “Atraco al destino”. Al menos, nos habríamos ahorrado estas discusiones…
29 septiembre 2008
Recordando la generosa frase que regaló Su Majestad el Rey de España, a más de uno se le erizará el vello de la entrepierna. Mientras tanto, desde banderas hasta camisetas, pasando por bufandas la mar de monas… se ha comercializado con la dichosa exacerbación del monarca.
Desde hace menos tiempo, a otros se nos pone un nudo en la garganta cuando vislumbramos cómo una cadena de ámbito nacional pone como título de un programa el siguiente juego de palabras:
14 julio 2008
Hace unos días encontré una nueva librería (nueva para mí, quiero decir), cuando cotilleando en su interior vi el cómic de Macedonia destacado en un atril. "Anda, un cómic del tipo de American Splendor" –me dije. Tenía buena pinta y me lo llevé a casa.
Si uno lee un cómic de Harvey Pekar lo más probable es que se encuentre un montón de historias cotidianas, con mala leche y cierto regusto nostálgico. Es ese costumbrismo en el que podemos vernos reflejados cualquiera de los mortales el que hace sus obras geniales, aunque es ese mismo costumbrismo al que hay que saber dar forma de tal modo que resulte interesante. A nadie le gusta observar por un agujero al vecino para descubrir cómo es su miserable y aburrida vida sin que ocurra lo más mínimo interesante en ella... Vale, a algunas personas no nos gusta, y si cotilleamos dentro de la vida de los demás, de sus propias historias, agradecemos que éstas, al menos, estén contadas con gracia. Pekar no ha perdido la gracia, pero quizá se aleje de aquello que esperas encontrar precisamente en uno de sus cómics. En esta ocasión se mete en la piel de Heather, una estudiante de Ciencias Políticas que decide buscar la razón que lleva a los pueblos a meterse de lleno en una guerra o, por el contrario, evadirse de ella; la cuestión más exacta sería: ¿algún país se ha librado de ella? Y esa pregunta le lleva a viajar hasta Macedonia para elaborar su Tesis Doctoral.
Y aunque es Pekar el que llena los créditos del cómic, Heather es también guionista de la obra (sí, Pekar también aparece retratado en algún momento). Las ilustraciones corren a cargo de Ed Piskor, que si bien en una primera hojeada parecen las típicas ilustraciones de cómic underground americano, no hay más que afinar un poco la vista para toparse con la cruda realidad (lo siento, no puedo con esas desproporciones). Claro que quizá no importe demasiado que un personaje tenga el ojo encima de la boca o que tenga un pie desencajado... En cualquier caso a mí me resulta feo.
La trama es probable que te guste si te interesa conocer la historia de los Balcanes y, sobre todo, lo que ocurrió en la extinta Yugoslavia y, más concretamente, en Macedonia. Con esto no quiero decir que a mí no me interese, pero cuando leo un cómic de Pekar espero otra cosa. Las tremendas parrafadas con las que puede llenar una página me hacen pensar que lo ideal quizá habría sido escribir un libro, uno a la vieja usanza, sin dibujicos de las narices, aunque probablemente así habrían perdido buena parte de ventas. En ocasiones me pregunto cuál es la barrera que hace que un escritor se decida por el guión de un cómic y no de una película, o por qué escribe una novela gráfica y no, sencillamente, una novela; y sé que hay respuestas sencillas y complicadas. Si lo que aparece en el cómic es cierto, esto debió ser así: Harvey está preparando un trabajo sobre Macedonia, conoce a Heather antes de su viaje y le pide a que tome notas para poder usar en su trabajo, Harvey recoge las notas y nos cuenta la historia de Yugoslavia hilando la actual situación de Macedonia y con la estancia de Heather. Total, un rollo.
13 julio 2008
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En el año 96 se estrenaba “Beavis & Butt-Head Recorren América”, la aventura más redonda de Mike Judge, en la que los protas pierden la tele y, claro, también el juicio. Eran los noventa, nueva época dorada para la MTV y caldo de cultivo perfecto para embobar a la pareja animada. Estoy seguro de que hoy la aventura se habría desarrollado en otros términos, de que Internet habría pateado el culo a la terrible tele que decoraba aquel feo salón. Y aunque las nuevas tecnologías habrían sido más cosa del amigo Stewart, estos dos ya se habrían ocupado de hacerse a los nuevos tiempos.
Sin ir más lejos, Enjuto ha hecho mucho por sacar a la luz lo que ya está ocurriendo en muchos hogares.
Y ahora debo confesar que yo mismo también he pasado por esa terrible experiencia, pero no durante unas horas, no… ¡Ni tan siquiera días! Me refiero que a que durante meses he permanecido alejado de ordenadores y redes. Bueno, todo lo que me han dejado, porque cuando entraba en una casa ajena siempre se sucedían las mismas conversaciones acerca de Internet, mirar el correo, etc., hasta que los agarrones del brazo se hacían tan fuertes que me cortaban la circulación o me tiraban de la silla mientras yo gritaba “¡Si es solo un momento!”
Ahora que todo pasó, que vuelvo a teclear alegremente escuchando el familiar “clic, clic”, es como si mi pasado más inmediato fuera una pesadilla abstracta en la que nada en mi vida cambió. Pero, oh, si cambió… Aunque esa es otra historia.
22 febrero 2008
Leía en un artículo de opinión que es necesario cambiar el coche por la bici si queremos que la ciudad sea de los ciudadanos y no de los automóviles.
Hace ya algún tiempo que la conciencia colectiva parece que golpea con fuerza en diferentes ciudades de la geografía española, como Barcelona o Sevilla, dando cierto peso a la bici, un peso que -podemos aventurar sin temor a equivocarnos- no será mayor que el del coche. Aún falta mucho para acostumbrarse a las líneas del suelo urbano que, en ocasiones, compartimos los viandantes con las bicis, estar atento, no invadir su espacio… En Madrid esa distancia se hace mayor, nuestra tradición ciclista se queda aparcada en casa para disfrutar de la siesta veraniega mientras con un ojo abierto se ve sudar a los pros en la tele. Nuestra ciudad no lo pone fácil, las cuestas, los coches… Y si de lo que hablamos es de reducir el tráfico, las medidas restrictivas, como la de obligar a pagar por aparcar un coche, no hacen sino afianzar las diferencias económicas de unos y otros, decidiendo de antemano que los pudientes tendrán más posibilidades de sacar el coche que los que no tienen un duro. En cuanto a aquellas medidas de vaciar los domingos el centro de la ciudad de automóviles… ¿alguien se acuerda? Parece que ya solo queda tomar las calles.
Sin embargo, creo que pedir la humanización de nuestro espacio vital a estas alturas es una batalla perdida. Los hombres, es nuestra inmensa sabiduría nos hemos encerrado a propósito en una jaula gigantesca. Para comprender un poco más esta visión un tanto catastrofista –aunque no por ello menos realista- de la sociedad actual, solo debemos retroceder en el tiempo a nuestro pasado no tan lejano, cuando las civilizaciones aún andaban en pañales y los hombres se dedicaban a moverse a través del mundo buscando, inspeccionando, preguntando… viviendo, al fin y al cabo. Con la llegada de las ciudades, de los grandes bloques de hormigón, las calles estrechas, las vallas… el hombre se ha encerrado a sí mismo en un auténtico zoológico. Desmond Morris
Un botón:
“La alternativa que se les ofrece a los buscadores urbanos de espacio es efectuar breves salidas al campo, y lo hacen con gran energía. En hilera interminable, tocándose unos a otros, los coches emprenden la marcha cada fin de semana, y tocándose unos a otros, en hilera interminable, regresan. Pero no importa, se han alejado, han recorrido una extensión más amplia, y, al hacerlo, han continuado la lucha contra la antinatural angostura espacial de la ciudad. Aunque las abarrotadas carreteras de la moderna supertribu hayan convertido esto en algo semejante a un ritual, todavía es preferible eso que renunciar. La situación es peor aún para los habitantes del zoo animal. Su versión del recorrido de coches en caravana, es el aún más estúpido pasear de un lado a otro del suelo de su jaula. Pero tampoco renuncian. Deberíamos sentirnos agradecidos por poder hacer algo más que pasear de un lado a otro de nuestras habitaciones.”
(extraído de “El Zoo Humano”, de Desmond Morris)
06 febrero 2008
Aguantar estoicamente, acercarse el final y de repente: esta canción. Eso es querer morirse. Morirse.
My love
To the sea
The sea of love
I wanna tell you
How much
I love you
Do you remember
When we met
Thats the day
I knew you were mine
I wanna tell you
How much
I love you
Come with me
My love
To the sea
The sea of love
I wanna tell you
How much
I love you...
03 febrero 2008
Las lágrimas cristalizan. Con el tiempo. Y la luz. El amarillo ayuda. Y el azul. Y con ellas se pinta el cielo.
Cielo está ahí. Fuera. Mételo contigo. Y verás. Verás cielo. Cielo.
Hay nubes que se resisten y pasan desapercibidas. Con mucho esfuerzo. Pero siempre hay alguien que las descubre y se alimenta de ellas con los ojos. Se tornan grises entonces, y a veces se derraman. Es solo de rabia, por haber sido encontradas.
Al final, las nubes, siempre llaman la atención.
Los pájaros no siempre vuelan con el viento. A veces ajetrean el cielo y le dan una excusa al terremoto dichoso de la mariposa mientras se dejan flotar, mímicos, en el mismo punto. Nadie más lo sabe, pero están bailando con el aire.
Un angelote, cansado, se ha sentado en la luna. “¡Luna, ¿dónde estás?!”, “¿dónde te metes, luna?”. La luna sigue igual, ni mengua, ni crece, ni na, es solo que un angelote cansado se le ha sentado encima.
Después, pudo echarse un vistazo a la web oficial, donde la banda explicaba los títulos "no oficiales" para cada tema; al fin y al cabo, ellos tenían que llamarlos de alguna forma al apuntarlos en el setlist.
Un año más tarde se editaba un single con nombre, donde la maravilla número 1, aquella que abriera el último disco, era bautizada como Vaka. Igual que la hija de Orri, su batería. Este es el vídeo.
Debajo, otra maravilla. Y otra más. Las tres completan el DVD-Sgl.
untitled #1 (a.k.a. vaka)
svefn-g-englar
viðrar vel til loftárása
23 diciembre 2007
Hoy he conocido a Clarise.
Es una chica de provincias. Cuando le preguntas por su acento, eleva la voz, orgullosa, para reconocer que es de la ciudad, aunque apenas recuerda ya nada de ella.
Clarise viste como una muchacha francesita, y diría que pasa frío bajo su vestido danzarín, de no ser por la cantidad ingente de alcohol que introduce en su cuerpo; eso no quita el frío, pero engaña que da gusto.
Dice que parece más joven. Y no se quita años. Pero cuando sonríe, las arrugas recorren sus ojos rajando su cara. Mientras habla, sujeta con una mano el chal blanco, a juego con sus zapatos. Lo mueve de un lado a otro. Yo me desconcentro.
Clarise se ha dejado caer, casi por casualidad, en una fiesta de internautas. Casi todos se conocían de otras quedadas. Ella era nueva. La nueva pasea su cuerpo por los rincones del bar mientras los demás cuchichean a sus espaldas. Cuando saluda a alguien, entrega dos besos rozando las comisuras de los labios, que recogen el sabor de su crema de fresa.
Sonríe.
Y bebe.
Bebe tanto, que parece que no se tendrá en pie más de una hora.
Mentira. Aguanta. Aunque en su cuerpo casi no quepa la comida.
Clarise es menuda, un poco maleducada y caprichosa. Un desastre, que diría Carlos. Y Carlos también mentiría.
A Clarise no la quieren en su casa y cuando vuelve por Navidad, siempre se inventan alguna excusa para mantenerla lejos de su cama, donde duerme la naftalina.
Clarise sospecha, pero se guarda de las lágrimas y se autoengaña pensando que su casa es un hervidero de visitas.
Cuando habla contigo, su aliento a ron, casi emborracha. No deja que te marches hasta que no se le termina la conversación o se le olvida lo que quería contar, y te sujeta por la cintura, o por el pico de la camisa, o por los dedos, mientras te grita al oído que no la dejes en manos de los otros tipos, que la lleves a su hotel, que te ocupes de ella. Que te preocupes. Ella piensa que susurra.
A Clarise, una mano tontorrona le acaricia la espalda y su piel se eriza. Elige que la elijan. Y durante un rato desaparece.
A veces pide droga. A veces consume droga.
Cuando se sienta coloca sus piernas para que se vea el tatuaje de su interior, aunque disimula colocándose las medias. Quiere parecer coqueta pero resulta torpe, y una uña rota a medio pinar termina por formar una carrera.
La gente escupe mentiras a su oído. Las niñas sonríen amistosas, los niños sostienen verdades como puños que caen rotas en mil pedazos cuando guiñan un ojo a uno de sus amigos, siempre atentos a las apuestas. Todos ríen.
Nadie escucha, Clarise, ¿por qué hablas? Nadie escucha, nadie escucha, nadie escucha.
Es tarde, pero no lo bastante. Me quedan un par de horas para dormir, si puedo, y aún puedo arrastrarme hasta un taxi.
Mañana, cuando las voces extrañas de los compañeros se junten todas dentro de mi cabeza, resonará el eco de una carcajada. Serán las risas que les causa recordar a Clarise, contar lo fácil que hubiera sido terminar con sus huesos en la cama del hotel… Y alguno callará, o no, lo dulce que fue el despertar entre su carmín corrido, con sabor de ron en la boca y fresa en los labios. Por una noche, Clarise se sintió como una princesa. Querida por todos.
29 octubre 2007
A día de hoy, ya son más de 150.000 firmantes (y el número sigue aumentando por minutos) los que piden el boicot a la presencia de Guillermo "Habauc" Vargas en la Bienal Centroamericana Honduras 2008.
¿Por qué?
Eso es lo que, a grandes rasgos, ocurrió con Natividad, nombre que se le dio al perro en homenaje al nicaragüense Natividad Canda (24 años), quien murió devorado por dos perros Rottweiler. Sin embargo, ¿qué tiene que ver el caso de Canda con el de Natividad (el perro)? Según palabras de Habacuc: “Me reservo decir si es cierto o no que el perro murió. Lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda, la gente se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros. (…) Nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada.”
Si, como dice Habacuc, nadie hizo nada, la obra fracasó en su cometido, ya que la gente se comportó de la misma manera que en la calle; pero da la causalidad de que según diversas fuentes, no fue así como se sucedió la velada. Del mismo modo, se contradice la sala en su comunicado, donde afirman que Códice “(…) jamás ha pretendido ejercer ningún tipo de censura, siempre y cuando no atenten contra los principios elementales de la ética y mucho menos que impliquen la vida de un ser viviente, sea humano o animal.” Me pregunto qué considera esta gente “atentar contra los principios elementales de la ética y toda esa retahíla que mencionan... Me pregunto qué habría pasado si en lugar de un perro, allí se hubiera encadenado a un niño… Un niño pobre y hambriento que tarde o temprano también iba a morir.
Como en otras ocasiones, la polémica está servida. El año pasado hacía mención aquí mismo
Curioso. El comunicado del MADC termina apuntando: “Por lo tanto, que la solicitud de derogación de la participación de Guillermo Vargas (Habacuc) de
Así pues, intentan vender la moto de que “ética” no va unida a censura… Habría que recordar a estos señores que no solo de leyes vive el hombre, pero ya que lo que quieren es jugar con las leyes en la mano, si repasamos el Código Penal de Costa Rica verificaremos que la crueldad animal, en cualquiera de sus formas e independientemente del fin último de la misma, es en sí un hecho repudiable y sancionado. Bien, desde un punto de vista meramente legal, es cierto que solo los jueces pueden censurar la obra de un artista, pero escurrir el bulto de manera tan zafia, clama al cielo. Ya lo apuntaba Rosa Montero, cuando se trata de “libertad creativa” está claro que todo vale para los artistas, críticos, museos o salas de exposición.
Si bien es cierto que la medida de esta petición de firmas no tiene como fin salvar la vida de un animal (que ya está muerto), sí pretende “castigar” al artista boicoteando su obra.
Es una lástima que en Marca Acme "curiosamente” pidan una contraseña para acceder a un más que interesante artículo llamado “5 piezas de Habacuc”
En este montaje se pueden ver algunos momentos de la obra, aunque hay que recordar que el apunte que se hace al inicio no es cierto, ya que no se pretende que esta obra no sea expuesta en
Desde el Blog de Jaime Sancho “Eres lo que Haces” podéis seguir en detalle noticias, opiniones, declaraciones y diversos menesteres de una historia triste a la que han llamado arte.
26 octubre 2007
Pichiflís surge en el año 93, cuando unos cuantos compañeros de instituto y un amigo, se juntan para poner en marcha un fanzine. La idea era reflejar en papel todo aquello que nos parecía interesante, bajo el lema “tope cutre – tope pirata”. Al final, supongo que por comodidad, el fanzine fue básicamente musical, con algunos cómics, textos…


¡Ni! y ¡Pon! nos propusimos montar algo juntos; él dibujaba y a mí me gustaba escribir, así que empezamos a fantasear con una pareja de ladillas que se llamaran Ni y Pon, y que nos representaban a nosotros. Las ladillas se convirtieron en nuestras mascotas (del fanzine) y creo que “¡Ni-Pon!” fue la primera propuesta de nombre; al proyecto se sumaron Pato y Pingüi, y así nació el equipo oficial, que contó con la ayuda de algunos amigos. A nosotros nos interesaba mucho más trabajar y conocer gente, y cualquiera que haya hecho un fanzine sabrá lo que eso significa. Dábamos carta blanca a quien quisiera hacer algo con nosotros, y quizá por eso algunos contenidos parecían cogidos con pinzas.
Los nipones travestidos,
uno de sus pasatiempos favoritos
¡Ni!, ¡Pon!, Pingüi y Celis, en clase
Casi siempre que me embarco en una cosa de estas características, me pasa algo parecido: quiero tenerlo todo bien atado; lo que es positivo, si lo consigues, pero es un coñazo porque necesitas mucho más tiempo para hacer el trabajo, supervisar el de los demás, andar detrás de la gente para que entregue las cosas a tiempo, escribir cartas, hacer las fotocopias (que no nos sacaban en la oficina de familiares o amigos)… Por ejemplo, con respecto a la maquetación…, aquello era una suerte de corta y pega (aunque creo que con la suficiente gracia), en una época donde no sabía ni lo que era un escáner. Ya habréis supuesto que esto eran fotocopias en blanco y negro, ¿no? Pese a todo, también me escapaba de mis responsabilidades, porque si Roberto (¡Ni!), tenía que dibujar los cómics, se suponía que yo tenía que hacer los guiones, pero en lugar de eso, me dediqué a hacer mis propios dibujos, sin tener ni idea…

ni puta idea de dibujar

El cómic emo definitivoEn el año 94, después de no sé cuánto tiempo preparando el primer número, salimos a la calle. Recuerdo, como algo parecido a nuestro zine, el de Flema, un fanzine amigo con el que compartíamos colaboradores y ayudas varias. De hecho, gracias a Raúl, su cabeza pensante, logramos alguna entrevista “gorda”, como la de Devil Dogs (nº 2), a cargo de Kike Buitre. No obstante, Kike Babas y Kike Turrón, publicaron en el 96 un libro llamado “De espaldas al kiosco (Guía histórica de fanzines y otros papelajos de alcantarilla)” que resultó la enciclopedia del fanzinerismo en España y que no sé si ha tenido alguna nueva edición revisada, o siquiera competencia, donde aparecíamos reseñados. Era breve, pero entre otras cosas comentaban que hacíamos un zine “romantic-punk”, cuya maquetación brillaba por su ausencia, y que incluíamos una polla como póster, finalizando tan linda crítica con un “guarretes ellos”.
Por estas cosas nos llamaban machistasBajo recomendación, prometimos periocidad bimensual. Craso error. El segundo número salió más de un año más tarde; era un poco menos cutre, así que a la gente le gustó menos… Y así fuimos acumulando más y más material para un tercer número, que tenía que haber salido y nunca salió… Me cansé de llevar tanto curro mientras había gente que apenas movía el culo y, sobre todo, extravié gran parte de los contenidos. Más de diez años después, encontré una carpeta perdida en casa de mi madre; al abrirla asomaron aquellas entrevistas transcritas a mano, cómics terminados, y reseñas varias… Me hizo mucha ilusión, pero obviamente era bastante tarde. Hoy presento, en exclusiva, parte de ese material inédito: El Capitán Straight.
La gente todavía se acuerda de aquel par de números, cosa que me honra. Pichiflís marcó parte de mi adolescencia, aunque fuera para perder el tiempo sanamente. Dudo mucho que alguno de los artistas que hicieron posible aquello esté leyendo esto, pero me gustaría mandarles desde aquí un fuerte abrazo. Que esto sirva de agradecimiento y homenaje.
Falo que sí.
¡Ni-Pon! (nº 2)
Cómic inédito13 octubre 2007
“El circo tiene algo de romántico pero también algo de triste”, opinaba un amigo hace bastantes años. Supongo que es cierto.
Personalmente nunca me gustó el mundo entre rejas donde sobreviven los animales, ni mucho menos el entrenamiento al que son sometidos para realizar todo tipo de trucos que nunca me parecieron divertidos (y no quiero ni imaginar a ellos); los payasos me parecen aterradores; los trapecistas me aburren muchísimo… En realidad, aunque de pequeño acudía religiosamente todas las Navidades al circo instalado en
Por supuesto, el circo resultaría un arte de lo más respetable (más allá de los gustos de cada cual) de no ser por el trato y explotación animal e infantil. Es curioso cómo a día de hoy, aún hay gente que sonríe o suelta una sonora carcajada, tomándose a pitorreo que en los circos los animales sean maltratados. Desde mi punto de vista, el mero hecho de utilizar esos animales para provecho humano, ya me parece sobradamente reprochable, pero más allá de eso, en los circos se somete a verdaderas torturas a esas criaturas. Cualquier persona familiarizada con los animales, sabe lo mucho que cuesta “domar” a algunos de ellos, inculcar comportamientos propios de marionetas de feria o enseñar a hacer trucos excéntricos. Los animales, lejos de sentirse en su medio natural, son recluidos durante casi todo el día, encadenados y encerrados, para salir de sus cubículos, únicamente, para ser amaestrados a fuerza fruta, o para hacer una demostración de los trucos aprendidos. Imaginad por un momento el tratamiento al que debe ser sometido un enorme felino, que en realidad tiene un miedo natural atroz al fuego, para entrar por el aro ardiendo (de ahí la expresión “pasar por el aro”, por cierto). Para muestra, un botón:
Hace unos días, en el programa de Telemadrid “Madrid Opina”, el público -ese rebaño descerebrado programado para aplaudir cada vez que un contertuliano se agita en su asiento soltando alguna barbaridad (a más gorda, mayores aplausos)- abucheaba a algunos de los invitados que se atrevieron a mencionar los miles de muertos anónimos que permanecen enterrados en antiguas fosas comunes a lo largo y ancho de las tierras de España desde la Guerra Civil. Es interesante el comportamiento de ese público que, supongo, se comporta así más por ignorancia que por malicia o convencimiento. De igual modo, decía, mucha gente sigue viendo solo la cara amable del circo…
Los circos, con los años, han ido tomando conciencia de lo triste que generalmente resulta su espectáculo; más allá de aquel romanticismo de los viajes en carromato, la hambruna y diferentes leyendas negras han dinamitado la historia de circos populares en el mundo entero, o de artistas que en su día fueron grandes nombres de la carpa. Ahí tenemos la vida y milagros de Ángel Cristo, Fofito y su rencilla con los Aragón, La Ciudad de los Muchachos... Para lavar su cara, algunos atrevidos artistas, han decidido innovar creando espectáculos diferentes, mezclando cabaret, teatro, prescindiendo de los animales… El ejemplo más popular, aunque no el único, lo encontramos en el canadiense Circo del Sol.
Esta noche acudí nuevamente al circo. Y me sentí terriblemente culpable. Culpable, primero, por no molestarme debidamente en informarme de lo que iba a ver, y segundo, por haber asistido a un espectáculo donde se utilizaban animales. El Circo de los Horrores está dirigido por Suso Silva, más conocido como Suso Clown. Bajo la máscara de espectáculo diferente, y sustituyendo la carpa de un circo por las paredes de un teatro, el Circo Price acoge estos días en Madrid un espectáculo que de diferente tiene poco. Si bien es cierto que el montaje, maquillaje y puesta en escena en general pueden pasar por ser distintos a los de los circos convencionales, detrás encontramos más de lo mismo; pero lo verdaderamente grave es encontrar que mientras se muestran al público como algo innovador, utilizan animales en varios de los números: concretamente, una serpiente, que únicamente aparece enroscada en el cuerpo de uno de los artistas, y un caballo, que tristemente es montado por
María, que me acompañaba esa noche, y es gran conocedora del mundo ecuestre, me narraba al oído cómo el jinete realizaba cada uno de los trucos, cómo utilizaba elementos que realmente debían herir al animal y cómo se cebaba con él, mientras los aplausos, bastante más apagados que en los demás números, se sumaban a los bailes y trotes, meneos y saltos… Vergonzoso. Precisamente, de no ser por estar acompañado, me hubiera levantado en medio de su actuación y me habría largado de allí. Pero el clímax llegó con la participación de una pequeña niña.
Recuerdo que hasta que entré al circo esta noche, el trabajo infantil estaba prohibido en España; bueno es saber, precisamente hoy, día del orgullo patrio, que las cosas no han cambiado tanto. Y bueno es saber que un circo siempre será un circo, porque esos mismos niños, también cubren espectáculos de El Circo del Sol, por ejemplo. Pero del trabajo infantil no se libra ni el circo, ni el teatro, ni el cine… Que trabajen y les llenen las arcas a los padres, claro que sí…

De los Silva del Circo de los Muchachos, sobrino del jesuita Padre Silva, su fundador, Suso es un mundialmente reconocido mimo y clown que ha pasado de vivir en los carromatos ajenos, a montar sus propios espectáculos. El Circo de los Muchachos (Benposta, Orense), se fundó con una de esas utópicas ideas donde los niños son los que mandan (eligiendo incluso su propio ayuntamiento), en el año 56, donde se fundó la segunda escuela de circo del mundo, con la idea de que se juntara allí una comunidad de niños desfavorecidos bajo el amparo del catolicismo. Sin embargo, esta ciudad fue construida no solo para los niños, sino también por ellos. Con los años, igual que ha ocurrido en lugares parecidos, ha empezado a surgir la mierda… Tanto es así, que las denuncias al centro se empezaron a sumar, incluyendo las de abusos sexuales; lo que un día nació como sueño utópico ha terminado siendo tachado de secta destructiva por buena parte de los niños que han pasado por allí. El Padre Silva decidió que su permanencia se hacía insostenible y se marchó llevando con él a quince menores, cuyos familiares (muchos de ellos también de















